De la Promesa recibida por fe al Pacto sellado por Dios...


(Génesis 15:6 y Génesis 15:12–21)

En Génesis 15:6, la Escritura declara una de las verdades más fundamentales de toda la revelación bíblica: “Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia.” Esta afirmación no describe una obra extraordinaria de Abram, sino una actitud del corazón: creerle a Dios. Abram no presenta méritos, no ofrece sacrificios previos, no demuestra perfección moral. Simplemente cree en la palabra del Señor, y esa fe le es imputada como justicia. Aquí se establece un principio eterno: el ser humano es justificado delante de Dios no por lo que hace, sino por confiar en lo que Dios promete.

Esta justificación por la fe ocurre en un contexto de espera y aparente imposibilidad. Abram aún no tiene hijo, la promesa parece lejana, y el tiempo transcurre sin evidencias visibles. Sin embargo, Dios no le pide resultados, sino confianza. La fe de Abram no elimina sus temores ni sus preguntas, pero sí lo ancla a la fidelidad de Dios. De este modo, Génesis 15 anticipa el mensaje central del evangelio: la justicia que Dios concede es un regalo de gracia recibido por la fe.

Más adelante, en Génesis 15:12–21, Dios profundiza esa promesa mediante un pacto solemne. En un sueño profundo, Abram recibe la revelación del futuro de su descendencia: serán extranjeros, oprimidos y esclavizados, pero finalmente liberados por la intervención divina. Dios muestra que la promesa no anula el sufrimiento, pero sí garantiza el cumplimiento. La historia del pueblo que nacerá de Abram está bajo el control soberano del Señor, aun cuando atraviese siglos de aflicción.

El momento culminante ocurre cuando Dios, representado por un horno humeante y una antorcha de fuego, pasa entre los animales partidos. Abram no camina entre ellos. Esto es crucial: el pacto no depende del esfuerzo humano, sino del compromiso unilateral de Dios. Él mismo se responsabiliza del cumplimiento de la promesa, asegurando la tierra y la descendencia. Así, la herencia no se sostiene en la fidelidad del hombre, sino en la fidelidad inquebrantable de Dios.

En esta escena se revela un Dios que justifica por la fe, promete descendencia, anuncia sufrimiento y garantiza redención. Génesis 15 no solo explica el origen del pueblo de Israel, sino que establece el fundamento de la salvación: Dios llama, promete, justifica y cumple, aun cuando el ser humano es frágil e insuficiente.

Reflexión:
¿Estoy descansando mi relación con Dios en mis esfuerzos y obras, o en la fe sencilla que confía plenamente en Sus promesas, aun cuando el cumplimiento parece lejano?

Oración:
Señor, reconozco que muchas veces confío más en mis fuerzas que en Tu fidelidad. Enséñame a creer como Abram, a descansar en Tu promesa y a vivir sostenida por la justicia que solo Tú puedes conceder. Afirma mi fe mientras espero el cumplimiento de Tu voluntad. Amén.

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