Jesucristo: Nuestro sustituto
“¡Sea crucificado!” ( Mt 27:22 ). Eso fue lo que los líderes religiosos de Israel exigieron que los romanos hicieran con Jesucristo, pues la crucifixión era la peor muerte imaginable. Fue una práctica que se originó con los bárbaros siglos antes y fue transmitida a los persas, griegos y, finalmente, a los romanos, que la refinaron para hacer sufrir más a la víctima. Los líderes judíos demandaron que Cristo fuese ejecutado para deshacerse de Él de una vez por todas. Lo cual continúa siendo el deseo de muchos, pues no quieren tener nada que ver con Cristo. Pero quienes lo conocemos y amamos, deseamos que sepan que el Señor vino a salvar a los pecadores. Cuando Jesucristo se dio a conocer como un predicador que proclamaba un nuevo mensaje, los líderes religiosos de su época lo odiaron por perturbar su sistema religioso. No aprobaban lo que enseñaba y temían perder el control que tenían sobre las personas. Sin embargo, la cruz en la que pidieron que muriera vino a ser el medio por el cual ...