Cuando nuestras fuerzas se agotan, Dios nos sostiene...
(Reflexiones Pastorales sobre Isaías 37–40). Todos atravesamos momentos en los que nuestras fuerzas parecen llegar a su límite. Hay circunstancias que no podemos controlar, decisiones que nos sobrepasan y cargas que, humanamente, parecen demasiado pesadas. En esos momentos descubrimos una verdad que Isaías nos recuerda con extraordinaria claridad: nuestra esperanza no depende de nuestras fuerzas, sino del Dios que nunca se cansa y nunca deja de sostener a sus hijos. Los capítulos 37 al 40 nos muestran el camino que conduce de la angustia al consuelo, del temor a la confianza y de la debilidad a la esperanza. La oración siempre abre la puerta a la intervención de Dios Cuando Jerusalén fue rodeada por el poderoso ejército asirio, el rey Ezequías comprendió que sus recursos eran insuficientes. En lugar de rendirse al miedo, llevó la situación delante del Señor en oración. Dios respondió de una manera que nadie podía imaginar, librando a Jerusalén y demostrando que ninguna amenaza es mayor...