De la corrupción al pacto: la Fidelidad de Dios en medio del juicio
(Gé nesis 4–7 ) Los capítulos 4 al 7 de Génesis nos presentan una progresión dolorosa pero real: el pecado no se detiene, se expande. Comienza con el asesinato de Abel, continúa con una humanidad que se aleja de Dios, y culmina en una corrupción tan profunda que “todo designio de los pensamientos del corazón del hombre era de continuo solamente el mal” (Gn 6:5). La Escritura no suaviza la realidad del corazón caído; la expone con claridad para mostrarnos la gravedad del pecado y la santidad de Dios. Sin embargo, en medio de este escenario oscuro, surge una luz: Noé halló gracia ante los ojos de Jehová (Gn 6:8). Dios decide juzgar la maldad, pero lo hace sin abandonar Su propósito redentor. El diluvio no fue un acto impulsivo de destrucción, sino un juicio justo acompañado de misericordia preservadora. Dios no aniquila sin más; Él preserva una línea por medio de la obediencia de un hombre imperfecto, pero dispuesto a caminar con Él. Este relato encuentra eco claro en el Nuevo Test...