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Superando...

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  El malvado huye aunque nadie lo persiga; pero el justo vive confiado como un león. —Proverbios 28:1 El miedo priva a muchas personas de su fe. El miedo al fracaso, el miedo al hombre y el miedo al rechazo son algunos de los temores más fuertes empleados por Satanás para impedirnos progresar. Pero no importa qué tipo de miedo nos envíe el enemigo, lo importante es superarlo. Cuando lo enfrentamos no debemos ceder ante ello. Es imperativo para nuestra victoria que establezcamos: «Con la ayuda de Dios, venceré.» La reacción normal al miedo es la huida. El enemigo quiere que corramos; Dios quiere que nos quedemos quietos y que veamos Su liberación. Debido al miedo, muchas personas no afrontan los problemas; se pasan la vida corriendo. Debemos aprender a mantenernos firmes y enfrentar el miedo, seguros en el conocimiento de que somos más que vencedores por medio de Cristo (Romanos 8:37). El miedo al fracaso atormenta a multitudes. Tememos lo que la gente pensará de nosotros si fallamo...

Desde mi angustia...

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  Desde mi angustia clamé al Señor, y el me respondió dándome libertad. El Señor está conmigo, y no tengo miedo; qué me puede hacer un simple mortal? Salmos 118:5-6 (NVI). Aunque las potencias del mundo puedan parecer indómitas ninguna de las naciones de la tierra podrá prevalecer contra Dios. Cuando nos sentimos como si estuviéramos de espaldas contra la pared, o las presiones del mundo recaen sobre nosotros, podemos clamar a Dios, y Él nos responderá. Él nos librará de nuestro estrecho confinamiento o de la presión de nuestra mente o de nuestras ataduras terrenales, y nos pondrá en un lugar espacioso donde podemos correr en libertad. Aunque Dios no nos libre de las pruebas que estamos experimentando, podemos tener la certeza de saber que Él usa todo para Su gloria, y que al final, triunfaremos. El Señor está con nosotros, y nos responde cuando clamamos a Él. Nadie puede robarnos la libertad y el gozo que Dios nos da con alegría. De qué tienes miedo? (Tomado del Devocionario "Fu...

Alza tus ojos...

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Mi socorro viene del Señor, que hizo los cielos y la tierra (v. 2). La escritura de hoy:  Salmo 121 Las nubes bajas bloqueaban el horizonte y limitaban la visibilidad a unos pocos cientos de metros. El efecto sobre mi humor se veía. Pero al rato, las nubes comenzaron a abrirse y allí lo vi: el hermoso Pikes Peak, el emblema de la ciudad, flanqueado por dos cadenas de montañas. Una sonrisa me cambió la cara. Pensé que aun nuestra perspectiva física puede afectar nuestra visión espiritual, y recordé la canción del salmista: «Alzaré mis ojos a los montes» (Salmo 121:1). A veces, ¡lo único que necesitamos es levantar un poco más la mirada! El salmista se preguntaba de dónde vendría su socorro; tal vez porque los montes en Israel estaban marcados con altares a dioses paganos y solían contener ladrones. O pudo haber sido porque más allá del monte Sion se encontraba el templo, y recordaba que el Hacedor del cielo y de la tierra era su Dios (v. 2). Sea como sea, para adorar, debemos mirar ...