“Sed santos, porque Yo soy santo”...
(Una reflexión pastoral sobre Levítico 17–20). Al avanzar en la lectura del libro de Levítico, especialmente en los capítulos 17 al 20, el pueblo de Dios es confrontado con una verdad central que atraviesa toda la Escritura: la santidad no es opcional para quien camina en pacto con el Señor. Estos capítulos no solo regulan el culto, sino que revelan el carácter de Dios y Su deseo de habitar en medio de un pueblo apartado para Él. Un solo Dios, un solo lugar de adoración Levítico 17 establece que toda ofrenda debía ser presentada exclusivamente en el santuario, el lugar donde Dios había decidido manifestar Su presencia. Esta ordenanza protegía al pueblo del sincretismo y afirmaba que la adoración verdadera no nace de la iniciativa humana, sino de la obediencia a la revelación divina. Sacrificar fuera del lugar señalado equivalía a romper el pacto. En el Nuevo Pacto, esta verdad alcanza su cumplimiento en Cristo: ya no hay múltiples altares ni sacrificios repetidos. Jesús mismo se ...