La libertad del pueblo judío que llegó con Ciro...
(Reflexiones Pastorales sobre 2 Crónicas 34-36) Los capítulos finales de 2 Crónicas terminan con una escena dolorosa: Jerusalén destruida, el templo quemado y el pueblo llevado cautivo a Babilonia. Fueron años de disciplina, tristeza y aparente silencio. Durante setenta años, el pueblo vivió lejos de su tierra, recordando las consecuencias de haberse apartado de Dios. Humanamente parecía el final de la historia de Judá. Pero Dios aún seguía obrando. Lo que parecía un final definitivo era en realidad el comienzo de una restauración preparada por el Señor. Dios cumple Su palabra aun después de largos silencios La cautividad babilónica no ocurrió por casualidad. Dios ya había advertido al pueblo a través de los profetas. Pero también había prometido restauración. Y cuando llegó el tiempo señalado, Dios levantó inesperadamente a un hombre: Ciro, rey de Persia. Qué impresionante verdad espiritual encontramos aquí. Ciro no pertenecía al pueblo de Israel, pero Dios movió su corazó...