De la voz de la serpiente a la Promesa del Redentor...

 

(Génesis 3:1 y Génesis 3:15)

En Génesis 3:1, la Escritura nos presenta a la serpiente como “astuta”, introduciendo por primera vez la duda en el corazón humano: “¿Conque Dios os ha dicho…?” El ataque no comienza con una negación abierta, sino con una distorsión sutil del carácter y la Palabra de Dios. La caída no nace primero en la acción, sino en el pensamiento: cuando el hombre decide escuchar otra voz por encima de la voz del Creador. Así, el pecado entra al mundo no solo como desobediencia, sino como ruptura de confianza.

Sin embargo, el mismo capítulo que narra la tragedia del Edén contiene también la primera esperanza del Evangelio. En Génesis 3:15, Dios anuncia que la descendencia de la mujer herirá la cabeza de la serpiente. Este versículo —conocido como el protoevangelio— revela que el pecado no tomó a Dios por sorpresa. Aun en medio del juicio, Dios pronuncia una promesa redentora: el mal no tendrá la última palabra. La herida al talón anticipa el sufrimiento del Redentor; la herida en la cabeza anuncia la derrota definitiva del enemigo.

Entre la voz engañosa de la serpiente y la promesa fiel de Dios se despliega toda la historia de la redención. Lo que fue perdido por la desobediencia en Adán comienza a ser restaurado por la promesa que culmina en Cristo. Este pasaje nos recuerda que, aunque el pecado trajo muerte, Dios respondió con gracia; y aunque el hombre cayó, Dios se comprometió a levantarlo por medio de Aquel que vencería al maligno.

Reflexión:
¿A qué voz estoy prestando oído hoy: a la que siembra duda sobre Dios o a la que afirma Su promesa de redención?

Oración:
Señor, guarda mi corazón de la mentira y afirma mi fe en Tu promesa. Enséñame a confiar en Tu Palabra y a vivir a la luz de la victoria que Tú ya has declarado. Amén.

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