Del altar de Gratitud al Llamado que inaugura la Promesa...


(Génesis 8:13–22 y Génesis 11:27–30)

En Génesis 8:13–22, Noé sale del arca a un mundo marcado por el juicio reciente. La tierra ha sido purificada, pero no idealizada; el corazón humano sigue siendo frágil. Sin embargo, el primer acto de Noé no es asegurar su supervivencia ni planificar el futuro, sino levantar un altar a Jehová. La adoración precede a toda reconstrucción. En ese altar, Noé reconoce que la vida preservada no es resultado de su capacidad, sino de la gracia de Dios.

La respuesta divina es reveladora: Dios se compromete a sostener la creación, aun sabiendo que la inclinación del corazón humano no ha cambiado. Aquí se establece una verdad profunda: la fidelidad de Dios no depende de la perfección del hombre. Después del juicio, Dios no se distancia; se acerca mediante una promesa de preservación.

Más adelante, en Génesis 11:27–30, el relato bíblico vuelve a cambiar de enfoque. Tras el orgullo colectivo y la dispersión de Babel, Dios no inicia otro juicio ni corrige a la humanidad con fuerza. En cambio, llama a una familia. Aparece Taré y su hijo Abram. Con este llamado silencioso, Dios comienza a trazar una línea de esperanza que dará forma a Su plan redentor.

El paso del altar de Noé al llamado de Abram revela cómo actúa Dios en la historia: recibe adoración después del juicio y levanta una promesa después del fracaso. Donde el hombre muestra sus límites, Dios inaugura un nuevo comienzo. La redención no avanza por proyectos humanos, sino por la iniciativa soberana de Dios que llama, guía y promete.

Entre un altar levantado en gratitud y un llamado que invita a caminar por fe, Dios muestra que Su propósito no se ha detenido. La historia continúa, no porque el hombre haya cambiado, sino porque Dios permanece fiel.

Para Reflexionar: 

¿Estoy respondiendo a los nuevos comienzos de Dios con un altar de rendición o resistiéndome al llamado que Él ya ha puesto delante de mí?

Oración:

Señor, enséñame a adorarte aun después de la tormenta y a confiar cuando me llamas a dar pasos que no comprendo del todo. Afirma mi corazón en Tu fidelidad y guíame por el camino que Tú has trazado. Amén.

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