Dios es amor (1 Juan 4:8-18)
«El que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor. En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros: en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo para que vivamos por él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados.
Dios es amor. Este es el aspecto más destacado de la naturaleza de nuestro Padre celestial. Cuando vivimos en su amor, encontramos suplidas todas nuestras necesidades emocionales y afectivas. Su amor en nosotros es el motor que nos motiva a hacer su voluntad. El cumplimiento de la ley es el amor (Rom. 13.10). Este amor es nuestra motivación para vivir una vida agradable a sus ojos.
Cuando Pablo dice: «el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado» (Rom. 5.5), se refiere al conocimiento del amor de Dios hacia nosotros.
Derramado – Es el vocablo utilizado para hablar sobre el «derramamiento del Espíritu Santo» en Hechos 2. Sugiere un fluir libre y una gran cantidad, es decir, inundación.
Ha sido – El tiempo verbal es perfecto, lo cual indica un estado permanente, resultante de una acción completada en el pasado. La idea es que el conocimiento del amor de Dios, habiendo inundado nuestro corazón, ahora lo mantiene colmado.
Ministerio del ES – Parte del ministerio regular del Espíritu Santo es impartir a la Iglesia dicho conocimiento.
La medida del amor depende de cuánto da, y la medida del amor de Dios es la dádiva de su Hijo único para hacerse hombre y para morir por nuestro pecados. El amor de Dios ha dado todo. Por eso Pablo habla del “gran amor con que nos amó” (Ef. 2.4). Los escritores del Nuevo Testamento señalan constantemente a la cruz de Cristo como la prueba culminante de la realidad y del carácter ilimitado del amor de Dios. Así Juan, pasa de su «Dios es amor» a decir: «En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestro pecados» (1 Juan 4.9ss).
El Dios que es amor, nos amó y expresó su amor enviando a su Hijo a la Tierra. Mientras que el origen del amor está en el ser de Dios, la manifestación del amor está en la venida de Cristo.
Su amor permanece cuando otros amores desaparecen. Las Escrituras no dicen que Dios tiene amor, como si el amor fuera una posesión que Dios pudiera dejar a un lado cuando está enojado. La Biblia dice: Dios es amor pues el amor no es un atributo de Dios sino la sustancia misma de su ser.
La amante naturaleza de Dios es la base de su actividad creadora y redentora. Dios creó al hombre porque él es amor y deseaba un ser diseñado a su imagen y semejanza a fin de que pueda amarlo y ser libremente amado por él. Cuando el hombre rechaza esta aproximación del Dios de amor, quebrando esa relación, Dios continúa amándolo porque Dios es amor a toda costa. Esa es la historia de la redención: El amante Dios busca al hombre a través del amor encarnado. Por lo tanto, todo en la vida haya sentido al ser amado por Dios y al amar a Dios.
¿Cuál debe ser nuestra respuesta a tan grande amor?
Si bien la gracia nos presenta un amor que no espera nada de nosotros pues «nos amó de pura gracia», tal amor amerita una respuesta apropiada de nuestra parte.
El amor también es demostrado por la obediencia a los mandamientos de Dios (Juan 14.15, 23, 24; 15.10-14). La raíz de la verdadera piedad no está en el intelecto sino en el corazón.
El amor de Dios para con los pecadores alcanza su objetivo cuando los lleva a conocerlo y a gozarnos en él en una relación basada en un amor recíproco cimentado en la obediencia y en la adoración sincera y agradecida.
En definitiva, tal amor requiere una sola respuesta de nuestra parte: Agradecimiento eterno y amor.
Termino con las palabras de un poeta anónimo que refleja como nadie lo que debe impulsar nuestro acercamiento a Dios:
No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.
Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte.
Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.
Fuente: https://vivelabiblia.com/el-extraordinario-amor-de-dios/
Si aùn no ha recibido a Jesús en su corazón como su Señor y Salvador personal, le invito a que lo haga, leyendo y meditando en esta Oración de Fe:"Señor Jesús, te necesito. Gracias por morir en la cruz para pagar por mis pecados. Te pido perdón por mis pecados y te recibo como mi Señor y Salvador. Gracias por darme el regalo de vida eterna. Deseo cambiar y vivir una nueva vida contigo como mi Señor y Salvador, Escribe mi nombre en el libro de la vida del Cordero, y prometo serte fiel y justo. Gracias Jesús. Amén."Siéntase como un Hijo (a) de Dios y con una Familia que le recibe con júbilo y le ama como su Hermano (a) de Fe.
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