Autoridad confirmada y Corazones probados...
(Reflexiones Pastorales sobre Números 16–17).
Al llegar a Números 16–17 encontramos uno de los momentos más delicados en la historia espiritual de Israel. La rebelión de Coré, Datán y Abiram no fue simplemente un conflicto humano, sino una confrontación directa contra el orden que Dios había establecido para guiar a Su pueblo. Estos capítulos nos invitan a examinar cómo respondemos al llamado divino, a la autor
idad espiritual y a la disciplina del Señor.
idad espiritual y a la disciplina del Señor.
- Cuando el servicio pierde su enfoque
Coré y quienes lo acompañaban cuestionaron el liderazgo de Moisés y Aarón bajo el argumento de que todo el pueblo era santo. Aunque la afirmación parecía espiritual, escondía un corazón que buscaba ocupar un lugar que Dios no había asignado. El texto nos recuerda que el verdadero servicio no nace de la comparación ni de la competencia espiritual, sino de la obediencia humilde al propósito divino.
Moisés respondió postrándose delante del Señor, mostrando que la autoridad espiritual auténtica se sostiene en la dependencia de Dios y no en la defensa personal. Su intercesión revela que aun en medio de la disciplina divina, la misericordia sigue presente. Dios confronta el pecado, pero también protege a Su pueblo del juicio total.
- El juicio que enseña y preserva
La severidad del juicio puede parecer difícil de comprender, pero dentro del relato vemos una profunda intención pedagógica. Los incensarios usados en la rebelión fueron convertidos en una cobertura para el altar, transformándose en un recordatorio permanente de la santidad de Dios. El Señor no solo corrige; también forma el corazón de Su pueblo para que aprenda a acercarse a Él con reverencia.
- La vara que florece: autoridad que produce vida
Después del conflicto, Dios confirma públicamente a Aarón mediante la vara que reverdeció y dio fruto. Este milagro no solo resolvió la discusión sobre el sacerdocio, sino que mostró un principio eterno: la autoridad que proviene de Dios trae vida y edificación. No necesita imponerse ni competir, porque el fruto visible testifica del llamado divino.
Para la iglesia hoy, este pasaje nos recuerda la importancia del discipulado sano y del respeto por los roles que Dios establece. En lugar de buscar posiciones, somos llamados a cultivar corazones dispuestos a servir donde Él nos coloque, confiando en que el Señor mismo confirma aquello que proviene de Su voluntad.
Reflexión final:
Números 16–17 nos lleva del caos de la rebelión a la claridad de la confirmación divina. Dios no deja a Su pueblo en confusión; Él corrige, afirma y guía hacia una comunión más profunda. La pregunta que queda para nosotros es sencilla pero profunda: ¿buscamos servir desde la obediencia al llamado de Dios o desde nuestras propias expectativas?
Oración:
Señor, guarda nuestro corazón de toda actitud orgullosa y enséñanos a caminar en humildad delante de Ti. Ayúdanos a reconocer la autoridad que Tú estableces y a servir con fidelidad donde nos has llamado. Que nuestra vida produzca fruto que glorifique Tu nombre y edifique a Tu iglesia. Amén.

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