Amar, Recordar y Permanecer...
(Reflexiones Pastorales sobre Deuteronomio 5–7).
Al avanzar en los discursos de Moisés en el Deuteronomio, los capítulos 5 al 7 nos introducen en el corazón del pacto. Israel está a punto de entrar en la Tierra Prometida, pero antes de poseerla debe reafirmar su identidad espiritual.
No se trata solo de conquistar territorio, sino de vivir como pueblo santo, apartado y profundamente enamorado de su Dios.
En estos capítulos resuenan tres llamados fundamentales: obedecer, amar y permanecer fieles.
- El pacto renovado (Deuteronomio 5)
Moisés repite los Diez Mandamientos dados en Horeb. No es simple repetición histórica; es renovación del compromiso. La nueva generación debía comprender que el pacto no era asunto del pasado, sino responsabilidad presente.
El fundamento de todo comienza con estas palabras: “Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto.”
La obediencia nace de la redención. Dios primero salva, luego llama a obedecer. Los mandamientos no son cargas arbitrarias, sino expresión del carácter santo y justo del Señor.
También se recuerda que el pueblo necesitó mediación, pues temió la voz directa de Dios. Esto revela la grandeza divina y la necesidad constante de intercesión.
Antes de entrar en la promesa, Israel debía recordar quién es su Dios y cuál es su pacto.
- El corazón del pacto: Amar al Dios único (Deuteronomio 6:1–9)
En este pasaje encontramos uno de los textos más centrales de toda la Escritura:
“Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es.”
Aquí se afirma la unicidad absoluta de Dios. No hay otro. No hay competencia. No hay comparación.
Pero el llamado no se detiene en la confesión doctrinal. Continúa con una demanda total: “Amarás a Jehová tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas.”
El amor a Dios no es sentimiento pasajero, sino lealtad integral.
Corazón, alma y fuerzas representan la totalidad del ser.
La Palabra debía estar en el corazón y transmitirse diligentemente a los hijos. La fe no se improvisa ni se delega; se enseña en el hogar, en la vida cotidiana, en cada conversación.
La vida entera debía estar marcada por la presencia de la Palabra. No solo el templo, no solo el culto, sino la casa y el camino.
El mensaje es claro: La fidelidad auténtica nace de un amor total y se transmite generacionalmente.
- Un pueblo escogido para vivir en santidad (Deuteronomio 7)
Moisés recuerda que Israel fue escogido no por ser el más numeroso o poderoso, sino por el amor soberano de Dios y por Su fidelidad al juramento hecho a los patriarcas.
La elección es gracia, no mérito.
En los versículos 12–26 se describe la bendición asociada a la obediencia: prosperidad, salud, protección y victoria. Sin embargo, estas promesas están vinculadas a la fidelidad al pacto.
Dios también advierte que no deben temer a las naciones poderosas, pues el mismo Señor que obró en Egipto seguirá actuando. La memoria fortalece la confianza.
Finalmente, se ordena destruir toda forma de idolatría. No debía conservarse imagen alguna ni objeto pagano. La santidad exige separación radical.
Lo que contamina espiritualmente no puede tratarse con indulgencia.
Aplicación práctica:
Deuteronomio 5–7 nos recuerda que antes de disfrutar nuevas bendiciones debemos afirmar fundamentos esenciales:
- Recordar que la obediencia nace de la redención.
- Amar a Dios con totalidad, no parcialmente.
- Transmitir la fe a las próximas generaciones.
- Reconocer que somos escogidos por gracia.
- Mantenernos separados de aquello que compite con la lealtad a Dios.
La promesa no se sostiene sin amor.
La bendición no permanece sin obediencia.
La fe no sobrevive sin enseñanza intencional.
Reflexión final:
Antes de entrar en Canaán, el Señor dirige el corazón del pueblo hacia la esencia del pacto: amar al Dios único y vivir en fidelidad constante.
La verdadera conquista comienza en el interior. No es primero territorial, sino espiritual. El pueblo que ama a Dios con todo su ser podrá permanecer firme en medio de cualquier desafío.
El mismo Dios que habló a Israel sigue llamándonos hoy a una obediencia que brota del amor y a una fidelidad que forma generaciones.
Oración:
Señor único y verdadero, enséñanos a amarte con todo nuestro corazón, alma y fuerzas. Graba Tu Palabra en nuestra vida y ayúdanos a transmitirla fielmente a quienes vienen detrás. Guarda nuestro corazón de toda idolatría y fortalece nuestra obediencia. Que vivamos agradecidos por Tu gracia y firmes en Tu pacto. Amén.

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