Cuando Dios Bendice, Nadie puede maldecir
(Reflexión pastoral sobre Números 22–23).
Los capítulos 22 y 23 del libro de Números nos presentan una escena profundamente reveladora: un rey temeroso, un profeta con el corazón dividido y un Dios soberano que protege a Su pueblo por encima de toda amenaza visible o invisible.
- El temor de las naciones ante un pueblo acompañado por Dios
Balac, rey de Moab, no teme simplemente a un pueblo numeroso; teme a un pueblo que ha vencido porque el Señor pelea por él. Israel no infundía temor por su estrategia militar, sino por la evidencia de que Jehová estaba en medio de ellos.
Aquí aprendemos una primera verdad pastoral: cuando Dios respalda a Su pueblo, aun los enemigos reconocen Su mano. El temor de Balac es el reconocimiento indirecto de la fidelidad divina.
- Balaam: palabras correctas, corazón en conflicto
Balaam declara con firmeza: “No puedo hacer nada contra la voluntad del Señor.” Sin embargo, el relato muestra algo más profundo: su corazón estaba atraído por la recompensa. Aunque conocía la voluntad de Dios, continuó consultando, insistiendo, avanzando.
Hay aquí una advertencia espiritual importante: No todo lo que Dios permite es algo que Él aprueba. A veces el Señor permite el camino para revelar lo que hay en el corazón.
La intervención del Ángel del Señor en el camino no es un simple milagro extraordinario; es una confrontación divina. La ironía es evidente: el profeta no ve lo que su burra sí percibe. El “vidente” está ciego, y el animal tiene discernimiento.
Esto nos enseña que la ambición espiritual puede nublar la sensibilidad al obrar de Dios. Podemos usar lenguaje piadoso y aun así estar caminando en dirección equivocada.
- El Dios que defiende Su bendición
Cuando finalmente Balaam habla, no puede pronunciar maldición alguna.
De su boca solo sale bendición. “¿Cómo maldeciré yo al que Dios no maldijo?”
Ni rituales repetidos, ni siete altares, ni sacrificios insistentes logran cambiar el decreto divino. La voluntad de Dios no es manipulable.
Uno de los textos más poderosos de esta sección declara: “Dios no es hombre para que mienta…” (Nm. 23:19).
Aquí se revela el carácter del Señor:
- Es fiel.
- Es soberano.
- No revoca Su palabra por presión externa.
- No negocia Su pacto.
Israel aparece como un pueblo apartado, protegido y numeroso, no por mérito propio, sino por elección divina. La bendición que descansa sobre ellos no depende del deseo de un rey ni del salario de un profeta.
Y esta es la verdad central del pasaje: Cuando Dios bendice, nadie puede maldecir.
Aplicación práctica:
Estos capítulos nos recuerdan tres verdades esenciales:
- La protección de Dios es más fuerte que cualquier amenaza externa.
- El mayor peligro no siempre viene de afuera, sino de un corazón dividido.
- Lo que Dios ha determinado en Su fidelidad permanece firme.
Podrán levantarse voces, podrán existir intentos de oposición, podrán repetirse estrategias humanas, pero el propósito del Señor prevalecerá. No es la fuerza del pueblo la que garantiza la victoria; es la presencia de Dios.
Reflexión final:
Balac intentó cambiar el destino de Israel con dinero y manipulación espiritual. Balaam intentó caminar entre la obediencia y la conveniencia. Pero al final, solo una voluntad prevaleció: la del Señor.
Que esta historia nos lleve a confiar más profundamente en la soberanía divina y a examinar nuestro propio corazón. Porque el mismo Dios que protegió a Israel sigue siendo fiel a Sus promesas.
Oración final:
Señor soberano, gracias porque Tu palabra permanece firme y Tu bendición no puede ser anulada por ningún poder humano. Guarda nuestro corazón de la ambición y enséñanos a obedecerte con integridad. Abre nuestros ojos para ver Tu dirección y caminar en ella sin desviarnos. Que confiemos siempre en que Tu propósito prevalecerá. Amén.

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