Servicio Santo y Pureza del Corazón...


(Reflexiones Pastorales sobre Números 18–19).

Al avanzar en el libro de Números, los capítulos 18 y 19 nos permiten contemplar dos verdades que siguen siendo esenciales para la vida espiritual: el servicio consagrado delante de Dios y la necesidad constante de purificación para vivir cerca de Su presencia. Estos textos muestran que el Señor no solo llama a Su pueblo, sino que también establece el orden, la provisión y los medios para restaurar la comunión con Él.
  • Un llamado al servicio bajo la soberanía de Dios
En Números 18, el Señor confirma la misión de Aarón y de la tribu de Leví dentro del santuario. Dios mismo escoge a quienes servirán y les asigna responsabilidades específicas. Este pasaje revela que el liderazgo espiritual no es un privilegio humano, sino una carga santa que implica cuidar del pueblo y del lugar donde Dios habita. Los levitas fueron dados como un don para el servicio del tabernáculo, recordándonos que cada llamado nace de la gracia y de la voluntad soberana del Señor.

Asimismo, Dios establece el sustento de los levitas mediante las ofrendas y los diezmos del pueblo. Este orden enseña un principio espiritual profundo: el Señor provee para quienes sirven en Su obra y, al mismo tiempo, les llama a vivir en fidelidad y mayordomía responsable. Incluso los levitas debían presentar el “diezmo del diezmo”, mostrando que nadie está exento de honrar a Dios con lo que recibe.
  • Pureza para permanecer en la presencia de Dios
El capítulo 19 introduce las leyes de purificación, recordando que la santidad de Dios exige limpieza espiritual. La separación del impuro y el uso del agua para la purificación no eran simples rituales externos; señalaban la necesidad de restaurar la relación con el Señor. Dios deseaba habitar en medio de Su pueblo, pero también formarlo en reverencia y obediencia.

Desde la perspectiva del Nuevo Pacto, estos actos anticipan la obra perfecta de Cristo, quien provee una purificación completa y permanente. Lo que en el antiguo pacto era un rito repetido, hoy encuentra su cumplimiento en la gracia redentora que limpia el corazón y nos acerca nuevamente a Dios.

Aplicación práctica:
Números 18–19 nos invita a examinar cómo vivimos nuestro servicio delante del Señor. ¿Reconocemos que todo llamado proviene de Él? ¿Administramos con fidelidad lo que Dios ha puesto en nuestras manos? ¿Buscamos una pureza interior que refleje Su santidad? Así como los levitas fueron sostenidos y guiados por Dios, nosotros también somos llamados a servir con humildad, confiando en Su provisión y viviendo en constante renovación espiritual.

Reflexión final:
El Señor sigue formando a Su pueblo a través del orden, la obediencia y la gracia restauradora. Cuando comprendemos que el servicio nace de Su llamado y que la pureza viene de Su obra en nosotros, aprendemos a caminar con reverencia y confianza, sabiendo que Él mismo sostiene a quienes ha escogido.

Oración
Señor amado, gracias porque Tú llamas, sostienes y purificas a Tu pueblo. Ayúdanos a servirte con un corazón humilde, reconociendo que todo proviene de Ti. Enséñanos a vivir en santidad, buscando cada día la limpieza que solo Tú puedes dar. Que nuestra vida refleje fidelidad en el servicio y pureza en la adoración, para gloria de Tu nombre. Amén.

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