Con Amor Eterno te he amado...
(Una reflexión sobre Jeremías 30–31).
Hay momentos en nuestra vida en los que el dolor parece ocupar todo el horizonte. Podemos atravesar pérdidas, heridas, esperas o circunstancias que no comprendemos y preguntarnos: ¿seguirá Dios conmigo?
Jeremías 30–31 nos ofrece una respuesta llena de esperanza: sí, Dios permanece fiel.
Después de tantos capítulos de juicio y advertencias, Dios anuncia restauración para su pueblo. Las heridas no serían el final de su historia.
El Señor declara: "Mas yo haré venir sanidad para ti, y sanaré tus heridas, dice Jehová." Jeremías 30:17
Qué hermosa promesa.
Dios no ignora nuestras heridas. Él las conoce y puede traer sanidad donde nosotros solamente vemos quebranto.
- Un amor que no cambia
En Jeremías 31 encontramos una de las declaraciones más hermosas de toda la Escritura: "Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia." Jeremías 31:3
El amor de Dios no depende de que nuestra vida sea perfecta.
Israel había fallado muchas veces, pero Dios seguía llamando a su pueblo hacia Él.
Esto también nos alcanza a nosotros.
Podemos equivocarnos, podemos caer y podemos atravesar temporadas de distancia espiritual, pero la misericordia de Dios continúa llamándonos de regreso.
Su amor no es frágil ni pasajero. Es eterno.
- Dios quiere transformar el corazón
La promesa de Jeremías 31 va todavía más lejos.
Dios anuncia un nuevo pacto: "Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón." Jeremías 31:33
Dios no quería solamente cambiar las circunstancias de su pueblo. Quería transformar su interior.
Y esta promesa encuentra su cumplimiento en Jesucristo.
Por medio de Él recibimos perdón, reconciliación con Dios y una vida nueva.
La verdadera restauración comienza en el corazón.
- Nuestra historia no termina en la herida
Quizás hoy estás atravesando una situación que parece no tener salida.
Quizás llevas una herida que todavía duele.
Quizás estás esperando que Dios restaure algo que se quebró.
Jeremías 30–31 nos recuerda que Dios todavía está escribiendo nuestra historia.
Lo que hoy parece un capítulo de dolor no necesariamente será el final.
Podemos confiar en el Dios que sana, restaura y transforma.
No sabemos cómo ni cuándo actuará, pero conocemos su carácter.
Él nos ama con amor eterno.
Para meditar:
Hoy, en lugar de preguntarnos solamente "¿cuándo cambiará mi situación?", podríamos preguntarnos: "¿Qué quiere Dios transformar en mi corazón mientras atravieso esta situación?"
Tal vez la restauración que esperamos comienza precisamente allí.
Oración:
Padre amado, gracias porque tu amor permanece aun cuando nosotros somos débiles e imperfectos. Tú conoces nuestras heridas, nuestros temores y nuestras esperas. Sana aquello que necesita sanidad y transforma aquello que necesita ser cambiado en nuestro corazón. Ayúdanos a confiar en Ti cuando no comprendamos el proceso. Gracias porque en Cristo tenemos un nuevo pacto, perdón y una esperanza segura. Hoy descansamos en tu promesa: "Con amor eterno te he amado". En el nombre de Jesús. Amén.

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