Cuando obedecer a Dios cuesta...
(Reflexiones Pastorales sobre Jeremías 13–15).
Hay momentos en la vida en los que hacer lo correcto delante de Dios no resulta fácil. Podemos sentirnos incomprendidos, solos o cansados, especialmente cuando nuestra fidelidad a la verdad no es bien recibida por quienes nos rodean.
Jeremías conoció profundamente esa experiencia.
Los capítulos 13–15 nos permiten mirar no solo el mensaje del profeta, sino también su corazón. Encontramos a un hombre que ama a Dios y a su pueblo, pero que sufre al ver la dureza espiritual de quienes se niegan a escuchar al Señor.
- El peligro del orgullo
En Jeremías 13, Dios utiliza la imagen de un cinturón de lino para mostrar lo que había ocurrido con Judá.
El pueblo había sido escogido para estar cerca de Dios, pero su orgullo y desobediencia habían deteriorado esa relación.
El problema no era solamente lo que hacían; era lo que había sucedido en su corazón.
El orgullo espiritual puede alejarnos de Dios poco a poco. Podemos llegar a confiar más en nuestra propia capacidad, experiencia o criterio que en la Palabra del Señor.
Por eso, necesitamos cultivar continuamente un corazón humilde y dispuesto a ser corregido.
- Cuando la oración nace del dolor
Jeremías 14 presenta una profunda sequía que afecta a la nación. Ante el sufrimiento, el profeta intercede por el pueblo.
Jeremías conoce el pecado de Judá, pero no permanece indiferente ante su dolor.
Esta actitud nos enseña algo importante: reconocer el pecado de otros no debe hacernos perder la compasión por ellos.
El creyente está llamado a interceder, aun cuando las circunstancias sean difíciles.
Sin embargo, también encontramos una advertencia contra los falsos profetas que anunciaban paz cuando Dios no había hablado.
No toda palabra tranquilizadora procede del Señor. Necesitamos aprender a distinguir entre aquello que simplemente queremos escuchar y aquello que realmente enseña la Palabra de Dios.
- El costo de permanecer fiel
En el capítulo 15 encontramos quizá uno de los aspectos más conmovedores de estos capítulos: el sufrimiento personal de Jeremías.
El profeta se siente profundamente afligido por el rechazo y la oposición que experimenta.
Su experiencia nos recuerda que servir a Dios no significa estar libres de cansancio, tristeza o momentos de soledad.
La fidelidad puede tener un costo.
Pero Jeremías hace algo fundamental: lleva su dolor directamente a Dios.
No oculta sus sentimientos ni abandona su llamado. Y Dios responde fortaleciendo a su siervo.
- Dios puede transformar nuestro dolor en instrumento de servicio
Una de las palabras más significativas del capítulo 15 es: "Y si entresacares lo precioso de lo vil, serás como mi boca." (Jeremías 15:19).
Dios estaba formando el carácter de Jeremías en medio de su dificultad.
Esto nos recuerda que nuestras pruebas no tienen necesariamente que convertirse en obstáculos para servir al Señor. En sus manos, pueden convertirse en experiencias que profundicen nuestra dependencia de Él y nos permitan acompañar mejor a otros.
El dolor no siempre desaparece inmediatamente, pero Dios puede darle propósito.
Reflexión final
Jeremías 13–15 nos invita a mirar nuestro propio corazón.
- ¿Hay orgullo que necesita ser rendido al Señor?
- ¿Estamos dispuestos a escuchar su verdad aunque nos confronte?
- ¿Seguimos siendo fieles cuando obedecer a Dios resulta difícil?
La vida cristiana no promete ausencia de dificultades. Promete algo mucho mejor: la presencia de Dios en medio de ellas.
Jeremías permaneció fiel no porque siempre se sintiera fuerte, sino porque aprendió a llevar su debilidad al Señor.
También nosotros podemos hacerlo.
Cuando nos sintamos cansados, incomprendidos o solos, podemos recordar que Dios conoce nuestro corazón, escucha nuestras oraciones y continúa formando nuestra vida.
Nuestra responsabilidad no es controlar la respuesta de los demás. Nuestra responsabilidad es permanecer fieles a Dios.
Y cuando Él nos llama a separar lo precioso de lo vil, podemos confiar en que su propósito es hacernos instrumentos cada vez más útiles para su Reino.
Oración
Señor, examina nuestro corazón y ayúdanos a reconocer aquello que necesita ser transformado. Líbranos del orgullo y de la autosuficiencia. Cuando obedecerte resulte difícil, danos fortaleza para permanecer fieles. Enséñanos a llevar nuestras cargas a ti y a confiar en que puedes utilizar aun nuestras experiencias difíciles para formar nuestro carácter y servir a otros. Haznos instrumentos de tu verdad, de tu amor y de tu gracia. En el nombre de Jesús. Amén.

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