Fe para sembrar en tiempos difíciles...

(Una Reflexión sobre Jeremías 32–34).
Hay momentos en los que mirar hacia el futuro puede producir temor.
Las circunstancias pueden parecer tan difíciles que nos preguntamos: ¿qué sentido tiene seguir esperando?
Jeremías vivió precisamente una situación así.
Jerusalén estaba sitiada por los babilonios, el pueblo enfrentaba el juicio por su desobediencia y el profeta estaba encarcelado. Sin embargo, en medio de aquella crisis, Dios le pidió algo que parecía no tener sentido: comprar un campo.
  • Una fe que mira más allá de las circunstancias
Jeremías obedeció. Comprar una propiedad cuando la tierra estaba a punto de ser conquistada parecía una decisión absurda. Pero aquella compra era una señal de esperanza.
Dios estaba diciendo: "Volverán a comprarse casas, campos y viñas en esta tierra."
El presente decía destrucción.
La promesa de Dios decía restauración.
Esta es una de las grandes enseñanzas de estos capítulos: la fe no ignora las circunstancias, pero tampoco permite que las circunstancias tengan la última palabra.
Jeremías podía ver las ruinas que se acercaban, pero decidió creer en lo que Dios había prometido.
  • Dios puede restaurar lo que parece perdido
En Jeremías 33, el Señor vuelve a hablar de restauración.
Donde había desolación habría nuevamente alegría. Donde había destrucción volvería a escucharse la voz de quienes celebraban.
Dios también reafirma la promesa del Renuevo justo de David, una promesa que encuentra su cumplimiento en Jesucristo.
Nuestra esperanza no está simplemente en que las circunstancias cambien.
Nuestra esperanza está en Cristo.
Él es nuestra seguridad cuando todo lo demás parece incierto.
  • La obediencia debe permanecer
Jeremías 34 nos presenta otra enseñanza importante.
El pueblo había tomado una decisión correcta: liberar a sus esclavos hebreos. Pero después se arrepintieron de aquella obediencia y volvieron a someterlos.
Esto nos recuerda que Dios no busca una obediencia temporal motivada solamente por las circunstancias.
Él desea un corazón sincero.
Podemos comenzar bien y después retroceder. Por eso necesitamos permanecer cada día cerca del Señor y permitir que su Palabra siga transformando nuestro corazón.

Una palabra para hoy:
Quizás hoy estás viviendo una etapa en la que no puedes ver con claridad lo que viene.
Tal vez tienes delante una situación que parece imposible de cambiar.
Jeremías 32–34 nos recuerda que Dios puede pedirnos que sembremos esperanza aun cuando todavía no vemos la cosecha.
  • No sabemos cómo Dios cumplirá sus propósitos.
  • No sabemos cuándo llegará la restauración.
  • Pero sí sabemos quién sostiene nuestro futuro.
Por eso podemos seguir orando, sirviendo, amando y siendo fieles.
Podemos sembrar hoy, aunque todavía no veamos el mañana.

Para meditar:
¿Qué me está pidiendo Dios que haga hoy, aunque todavía no pueda ver cómo terminará la historia?
Tal vez la respuesta sea simplemente: Confiar. Obedecer. Esperar.

Oración:
Señor, cuando las circunstancias me hagan perder la esperanza, ayúdame a mirar más allá de lo que mis ojos pueden ver. Enséñame a confiar en tus promesas aun cuando no comprenda tus caminos. Dame un corazón dispuesto a obedecerte, no solamente por un momento, sino cada día. Ayúdame a sembrar con fe, sabiendo que Tú tienes el futuro en tus manos. Gracias porque, aun en medio de las ruinas, puedes hacer nacer nuevamente la esperanza. En el nombre de Jesús. Amén.

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