Dios puede reverdecer lo perdido...

(Una reflexión sobre Ezequiel 16–17).
Hay momentos en nuestra vida en los que las decisiones equivocadas traen consecuencias. Miramos atrás y quizás pensamos: “Si hubiera actuado de otra manera…”
Ezequiel 16–17 nos habla precisamente de la infidelidad humana.
Jerusalén había recibido el amor y el cuidado de Dios, pero se había apartado de Él. 
En el capítulo 17, el rey Sedequías también quebrantó un pacto y buscó seguridad en Egipto, creyendo que una alianza humana podría salvarlo.
Pero Dios le hizo una pregunta que sigue siendo importante para nosotros: ¿Puede alguien romper sus compromisos, actuar contra la voluntad de Dios y esperar que nada ocurra?
La infidelidad tiene consecuencias. 
Sin embargo, esta historia no termina allí.
  • Cuando nuestras estrategias no son suficientes
Sedequías buscó ayuda en Egipto. Necesitaba caballos, tropas y poder militar. 
Humanamente, parecía una buena estrategia. Pero había un problema: estaba buscando seguridad en una alianza humana mientras despreciaba el compromiso que había asumido.
¿Cuántas veces nosotros hacemos algo parecido?
Cuando llega la incertidumbre, podemos correr rápidamente hacia nuestras propias soluciones. Buscamos recursos, contactos, estrategias o personas que nos ayuden.
Nada de eso es necesariamente malo.  El problema aparece cuando confiamos más en nuestras estrategias que en Dios.
A veces queremos que Dios bendiga los caminos que nosotros mismos hemos decidido tomar, sin detenernos primero a preguntarle cuál es su voluntad.
  • Pero Dios todavía tiene un renuevo
Después de hablar del juicio y de las consecuencias de la infidelidad, encontramos una de las imágenes más hermosas de este capítulo.
Dios dice: “Yo también tomaré un renuevo de lo más alto de la copa del cedro y lo plantaré…” Ezequiel 17:22
Qué hermosa expresión: “Yo también”.
La historia humana había estado marcada por la infidelidad. Pero Dios todavía tenía un propósito.
Los seres humanos habían fallado, pero Dios no había abandonado su plan.
Entonces Él mismo declara: “Yo tomaré… Yo plantaré… Yo haré.”
Nuestra esperanza no descansa finalmente en nuestra capacidad para reparar todo lo que hemos hecho mal.
Descansa en la fidelidad de Dios.
  • Dios puede hacer reverdecer lo que parece seco
El capítulo termina con una promesa poderosa: “Humillo al árbol elevado y elevo al árbol humilde; seco al árbol verde y hago reverdecer al árbol seco. Ezequiel 17:24
Tal vez hoy hay algo en tu vida que parece seco.
Un sueño que no se cumplió.
Una relación que cambió.
Un proyecto que terminó.
Una etapa que nunca imaginaste vivir.

No sabemos cómo Dios obrará ni podemos exigirle que haga las cosas según nuestros propios planes. Pero sí podemos confiar en esta verdad: nada está fuera del alcance de su poder y de sus propósitos.

Dios puede traer esperanza donde nosotros vemos fracaso.
Puede levantar aquello que parece pequeño.
Puede abrir caminos donde solamente vemos un final.
Y puede hacer reverdecer aquello que parecía perdido.

Para meditar:
¿En qué área de mi vida estoy confiando más en mis propias estrategias que en la dirección de Dios?
Y también: ¿Hay algo que considero perdido y que necesito poner nuevamente en las manos del Señor?
Hoy podemos descansar en esta certeza:
Aunque nosotros fallemos, Dios permanece fiel. Y cuando todo parece seco, Él todavía puede hacer reverdecer la esperanza.

Oración:
Señor, perdóname cuando he buscado mi seguridad en mis propias fuerzas y estrategias antes que en Ti. Ayúdame a ser fiel a mis compromisos y a caminar conforme a tu voluntad. Cuando mire alguna situación y piense que todo está perdido, recuérdame que Tú sigues siendo el Dios que planta, levanta y hace reverdecer. Pongo en tus manos aquello que parece seco en mi vida y confío en que tus propósitos son buenos y que Tú sigues obrando. En el nombre de Jesús. Amén.

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