Escuchar, obedecer y permanecer fieles...

(Una Reflexión sobre Jeremías 35–37).
Hay una diferencia entre escuchar la Palabra de Dios y obedecerla.
Podemos leer la Biblia, conocer sus enseñanzas y escuchar mensajes que nos desafían, pero la pregunta esencial es: ¿qué hacemos con aquello que Dios nos ha mostrado? 
Jeremías 35–37 nos presenta precisamente este desafío.
  • Un pueblo que escuchaba, pero no obedecía
En Jeremías 35, Dios utiliza a los recabitas como ejemplo. Ellos habían recibido instrucciones de su antepasado Jonadab y las habían obedecido fielmente durante generaciones. Dios utiliza esta actitud para mostrar el contraste con Judá.
Los recabitas obedecían las palabras de un antepasado humano, mientras que el pueblo de Dios rechazaba repetidamente las palabras de su propio Dios.
La pregunta llega también hasta nosotros: ¿Estamos obedeciendo aquello que Dios ya nos ha enseñado?
  • La Palabra permanece
En Jeremías 36 encontramos una escena impactante.
El rey Joacim escucha el rollo que contiene la Palabra de Dios y, mientras se lo leen, lo corta y lo arroja al fuego.
Pero quemar el rollo no podía destruir la Palabra.
Dios ordenó a Jeremías escribir nuevamente el mensaje.
¡Qué poderosa verdades 
Las personas pueden rechazar la Palabra, ignorarla o intentar silenciarla, pero la Palabra de Dios permanece.
"El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán." Mateo 24:35
  • Permanecer fiel cuando obedecer cuesta
En el capítulo 37, Jeremías continúa anunciando fielmente el mensaje recibido, aunque esto le trae rechazo, acusaciones y encarcelamiento.
Jeremías no cambió la verdad para evitar el sufrimiento.
Su fidelidad nos recuerda que seguir a Dios no siempre será fácil.
A veces obedecer significará permanecer firmes cuando otros se apartan, decir la verdad cuando sería más cómodo callar o continuar sirviendo cuando no recibimos reconocimiento.
Pero nuestra fidelidad no depende de las circunstancias.
Somos llamados a obedecer porque Dios es digno de nuestra obediencia.

Una pregunta para nuestro corazón:
Jeremías 35–37 nos invita a detenernos y examinarnos.
¿Estoy solamente escuchando la Palabra de Dios o estoy permitiendo que transforme mi vida?
Quizás el Señor ya nos ha mostrado algo que debemos cambiar, una actitud que debemos abandonar, una persona a quien debemos perdonar o un paso de obediencia que hemos estado postergando.
No necesitamos esperar una nueva revelación para obedecer aquello que Dios ya nos ha dicho.

Para meditar:
La verdadera fidelidad comienza cuando dejamos de preguntarnos solamente qué dice Dios y empezamos a preguntarnos: "¿Cómo voy a obedecerlo?"

Oración:
Señor, dame un corazón sensible a tu Palabra. No permitas que solamente la escuche, sino que pueda obedecerla y vivirla. Ayúdame a permanecer fiel cuando hacerlo sea difícil y a no cambiar mis convicciones para agradar a las personas. Gracias porque tu Palabra permanece para siempre. Haz de mi vida una respuesta obediente a tu llamado. En el nombre de Jesús. Amén.

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