Cuando Dios vuelve a habitar en medio de su pueblo...

(Reflexiones pastorales sobre Ezequiel 46–48).
Después de tantos capítulos de juicio, dolor, pecado y exilio, llegamos al final de Ezequiel y encontramos una imagen diferente: restauración, vida, orden y presencia de Dios.
El libro comenzó con una visión de la gloria de Dios y termina con una ciudad cuyo nombre expresa una de las verdades más hermosas de toda esta profecía: “Y el nombre de la ciudad desde aquel día será Jehová-sama.” Ezequiel 48:35
Jehová-sama significa: “El Señor está allí”.
Y quizás este sea uno de los mensajes más profundos que podemos guardar de todo el libro de Ezequiel: la restauración más grande no es recuperar lo que perdimos, sino volver a experimentar la presencia de Dios en medio de nuestra vida.
  • Dios trae orden donde había desorden
Ezequiel 46 presenta instrucciones relacionadas con la adoración y el servicio en el templo.
Dios estaba enseñando a su pueblo que acercarse a Él requería reverencia, obediencia y un corazón dispuesto.
Esto también nos habla hoy.
A veces queremos que Dios restaure nuestras circunstancias, pero olvidamos que Él también quiere ordenar nuestro corazón.
Hay cosas que necesitan ser colocadas nuevamente en su lugar: nuestras prioridades, nuestros pensamientos, nuestras relaciones y, sobre todo, nuestra relación con Dios.
Para reflexionar: ¿Hay alguna área de mi vida que necesita volver a ocupar el lugar que Dios quiere darle?
La restauración comienza muchas veces cuando permitimos que Dios vuelva a ocupar el centro.
  • El río que trae vida
En Ezequiel 47 aparece una de las imágenes más conmovedoras del libro: un río que sale del templo. A medida que avanza, sus aguas aumentan y llevan vida a lugares que antes estaban muertos. 
“Y toda alma viviente que nadare por dondequiera que entraren estos dos ríos, vivirá.” Ezequiel 47:9
El agua llega hasta el mar y lo transforma.
Qué hermosa imagen de lo que sucede cuando la presencia de Dios alcanza lugares secos de nuestra vida.
Quizás hay momentos en los que sentimos que algo dentro de nosotros se ha secado: la esperanza, la alegría, la ilusión o incluso nuestra capacidad para comenzar nuevamente. Pero el río de Dios todavía puede llegar allí.
Donde Dios está presente, la muerte no tiene necesariamente la última palabra.
Para reflexionar: ¿Qué área de mi vida necesita hoy que el agua de Dios vuelva a correr?
No tenemos que producir nosotros mismos la vida. Podemos acercarnos a Dios y permitir que Él haga su obra.
  • El final no es la ausencia, sino la presencia
Ezequiel 48 describe la distribución de la tierra entre las tribus de Israel. Todo parece estar nuevamente organizado. Pero el detalle más importante está al final.
El libro no termina hablando de edificios, fronteras o ciudades.
Termina hablando de Dios. “Jehová-sama”. El Señor está allí.
Después de todo lo que había sucedido, después del pecado, el juicio y el exilio, Dios estaba mostrando que su propósito final era habitar nuevamente en medio de su pueblo.
Esta verdad también puede sostenernos en nuestros propios procesos.
Hay temporadas en las que no entendemos lo que Dios está haciendo. Hay momentos en los que solamente vemos ruinas. Pero Dios puede estar preparando algo que todavía no alcanzamos a ver.
Y cuando la restauración llegue, quizás descubramos que lo más importante no era recuperar aquello que habíamos perdido, sino volver a reconocer que Dios estaba con nosotros todo el tiempo.
  • Una esperanza para nuestro caminar
Ezequiel termina con una palabra que podemos llevar al corazón: 
  • El Señor está allí.
  • Está en nuestros momentos de alegría y también en nuestros días difíciles.
  • Está cuando entendemos y cuando no entendemos.
  • Está cuando vemos frutos y cuando solamente vemos tierra seca.
  • Está cuando comenzamos de nuevo.
Por eso, nuestra esperanza no depende solamente de que las circunstancias cambien. Nuestra esperanza está en la presencia de Dios.

Para meditar:
Tal vez hoy estás esperando que Dios restaure alguna situación.
Mientras esperas, recuerda esto: No necesitas tener todas las respuestas para tener esperanza.
  • Si Dios está allí, todavía hay vida.
  • Si Dios está allí, todavía hay propósito.
  • Si Dios está allí, todavía puede haber restauración.
Oración:
Señor, gracias porque tu presencia es nuestra verdadera esperanza. Entra en las áreas secas y desordenadas de mi vida y haz correr nuevamente tu río de vida. Ayúdame a confiar en ti aun cuando no pueda ver el resultado. Que mi corazón pueda descansar en esta verdad: “Jehová-sama, el Señor está allí”. Amén.

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