La gloria de Jehová vuelve al templo...

(Reflexiones sobre Ezequiel 43:1-25).
Hay momentos en nuestra vida espiritual en los que necesitamos detenernos y preguntarnos: ¿qué lugar ocupa realmente Dios en mi vida?
No se trata solamente de saber si creemos en Él, ni de cuánto hablamos de Dios o cuánto tiempo dedicamos a nuestras prácticas espirituales. La pregunta es más profunda: ¿es Dios verdaderamente el centro alrededor del cual estoy ordenando mi vida?
Ezequiel 43:1-25 nos presenta una de las escenas más conmovedoras del libro: la gloria de Jehová vuelve al templo.
Después de haber visto cómo la gloria de Dios se apartaba del templo a causa del pecado de Israel, ahora Ezequiel contempla su regreso. El profeta escucha una voz que viene desde el interior y ve cómo la gloria de Dios entra en la casa.
Y Dios declara: «Este es el lugar de mi trono, el lugar donde posaré las plantas de mis pies, en el cual habitaré entre los hijos de Israel para siempre». Ezequiel 43:7
¡Qué imagen tan poderosa!
El Dios cuya gloria había abandonado el templo ahora anuncia que volverá a habitar en medio de su pueblo.
  • La presencia que cambia todo
La restauración que Dios estaba mostrando a Ezequiel no consistía solamente en reconstruir un edificio.
El verdadero centro de la restauración era la presencia de Dios.
Podemos reconstruir muchas cosas en nuestra vida. Podemos recuperar proyectos, relaciones, estabilidad, ministerios o nuevas oportunidades. Pero si Dios no vuelve a ocupar el centro, algo esencial seguirá faltando.
Quizás esta sea una pregunta necesaria para nuestro propio corazón: ¿Estoy buscando solamente que Dios restaure mi vida, o estoy buscando que Dios vuelva a ocupar el primer lugar en ella?
Porque una cosa es pedirle a Dios que bendiga nuestros planes y otra muy diferente es entregarle nuestros planes para que Él los gobierne.
  • «Hijo de hombre, pon atención»
Antes de mostrarle lo que debía hacer, Dios le dice a Ezequiel que prestara atención a todo lo que veía, escuchaba y recibía.
Esto me hace pensar en algo que fácilmente olvidamos: para reconocer la obra de Dios necesitamos aprender a escuchar.
Vivimos rodeados de voces. Hay opiniones, preocupaciones, noticias, expectativas, temores y muchas otras voces que compiten por nuestra atención.
Pero la voz de Dios requiere que hagamos silencio interior.
Tal vez hoy no necesitamos una nueva respuesta, sino volver a escuchar con atención aquello que Dios ya nos ha dicho.
  • La gloria de Dios exige una respuesta
Cuando Ezequiel contempla la gloria de Dios, cae sobre su rostro.
No encontramos indiferencia ante la presencia divina. Encontramos reverencia.
Esto nos recuerda que encontrarnos verdaderamente con Dios siempre produce una respuesta en nuestro corazón.
  • La presencia de Dios consuela, pero también confronta.
  • Sana, pero también transforma.
  • Perdona, pero también llama a la obediencia.
Por eso Dios le habla a Israel acerca de sus pecados y le pide que abandone aquello que había contaminado su relación con Él.
La gracia de Dios no nos deja como nos encuentra.
Cuando su presencia ocupa nuevamente el centro, algunas cosas tienen que salir de nuestra vida.
  • ¿Qué necesita salir de nuestro corazón?
Ezequiel 43 habla de quitar aquello que había profanado el nombre de Dios.
Esta palabra también puede llevarnos a una reflexión personal.
¿Qué cosas han comenzado a ocupar un lugar que solamente le corresponde a Dios?
Puede ser una preocupación que domina nuestros pensamientos, una necesidad de reconocimiento, una relación, el deseo de controlar, una herida que no hemos entregado al Señor, el temor al futuro o incluso un proyecto legítimo que hemos colocado por encima de nuestra obediencia a Dios.
No todo lo que debemos entregar a Dios es necesariamente algo malo.
A veces necesitamos entregarle precisamente aquello que más amamos, para recordar que Él es el dueño de todo.
  • La restauración requiere consagración
Los versículos finales de esta sección presentan instrucciones relacionadas con el altar y las ofrendas.
El altar nos recuerda que la restauración no termina con la presencia de Dios; conduce a una vida de consagración y adoración.
Dios no quería simplemente un templo restaurado. Quería un pueblo restaurado que viviera reconociendo su santidad.
Y aquí encontramos una aplicación muy personal: Dios no desea solamente visitar nuestra vida; desea gobernarla.
Nuestra casa, nuestro trabajo, nuestras relaciones, nuestros recursos, nuestros proyectos, nuestro servicio y aun nuestros sueños pueden convertirse en espacios donde honremos su presencia.

Una pregunta para el corazón:
Quizás hoy necesitamos hacer una pausa y preguntarnos:
Si Dios examinara mi vida, ¿encontraría que Él ocupa realmente el centro?
No importa cuántos años llevemos caminando con el Señor. Siempre podemos volver a consagrarle nuestro corazón.
Podemos decirle:
  • «Señor, vuelve a ocupar el centro.
  • Ordena lo que está desordenado.
  • Limpia lo que necesita ser limpiado.
  • Quita lo que me está alejando de Ti.
  • Y enséñame a vivir consciente de tu presencia».
La belleza de Ezequiel 43 es que después de tanta desobediencia y fracaso, Dios todavía habla de habitar en medio de su pueblo.
Esto nos recuerda que el Dios que disciplina también restaura; el Dios que confronta también sana; y el Dios que llama al arrepentimiento también ofrece nuevamente su presencia.

Para meditar:
Tal vez hoy no necesitas pedirle a Dios que haga algo extraordinario.
Tal vez necesitas simplemente volver a decirle: «Señor, quiero que vuelvas a ocupar el centro de mi vida».
Y cuando Él ocupa el centro, todo lo demás comienza a encontrar su lugar.

Oración:
Señor, quiero que tu presencia vuelva a ocupar el centro de mi vida. Examina mi corazón y muéstrame aquello que necesita ser entregado, limpiado o restaurado. Ayúdame a vivir con reverencia, obediencia y gratitud, consciente de que Tú deseas habitar en medio de tu pueblo. Que mi vida sea un lugar donde tu nombre sea honrado. Amén.

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