Llamados a estar en la brecha...


(Reflexiones sobre Ezequiel 32–33).
Hay momentos en los que Dios nos permite ver con claridad algo que otros todavía no pueden ver.
Ezequiel 32–33 nos presenta la imagen del atalaya: una persona colocada sobre el muro para observar el peligro y dar la voz de alarma.
Dios le dice a Ezequiel: “A ti, hijo de hombre, te he puesto por atalaya a la casa de Israel.” Ezequiel 33:7
Ezequiel tenía una responsabilidad: escuchar la Palabra de Dios y comunicarla fielmente.
  • El atalaya no puede permanecer callado
El atalaya no era responsable de obligar a las personas a responder. Su responsabilidad era advertir.
Esto también puede aplicarse a nuestra vida.
  • Hay personas por las que Dios nos llama a orar.
  • Hay momentos en los que debemos hablar.
  • Hay ocasiones en las que debemos advertir con amor.
Y otras veces simplemente debemos permanecer cerca, acompañando y esperando que Dios obre.
No somos responsables de cambiar el corazón de otra persona, pero sí somos responsables de nuestra fidelidad.
  • Dios advierte porque ama
Quizás una de las verdades más hermosas de esta porción se encuentra en Ezequiel 33:11: “No quiero la muerte del impío, sino que se vuelva el impío de su camino, y que viva.”
Dios no advierte para destruir.
Dios advierte para salvar.
Su llamado al arrepentimiento nace de su misericordia.
Esto cambia también nuestra manera de hablar con otros.
No estamos llamados a señalar errores desde una posición de superioridad, sino a acercarnos con humildad, amor y verdad.
  • ¿A quién te está llamando Dios a cuidar?
Quizás hay alguien en tu familia que necesita una palabra.
Quizás un amigo necesita que ores por él.
Quizás alguien que se ha alejado de Dios necesita saber que todavía hay una puerta abierta para regresar.
Tal vez Dios te está llamando simplemente a permanecer cerca y no abandonar la intercesión.
No podemos hacer el trabajo que solamente Dios puede hacer en un corazón, pero podemos ser fieles en aquello que Él nos ha confiado.

Para meditar:
¿Hay alguien por quien Dios me está llamando a ser un “atalaya”?
Pidamos al Señor sensibilidad para escuchar su voz, sabiduría para saber cuándo hablar y humildad para hacerlo con amor.
Porque ser atalaya no significa condenar. Significa amar lo suficiente como para advertir y permanecer lo suficientemente cerca como para acompañar.

Oración:
Señor, hazme sensible a las personas que has puesto cerca de mí. Dame sabiduría para saber cuándo hablar, cuándo callar y cuándo simplemente acompañar. Que nunca use tu Palabra para juzgar desde la superioridad, sino para comunicar tu verdad con amor. Ayúdame a ser fiel en la oración y en aquello que me has confiado, recordando que eres Tú quien transforma los corazones. En el nombre de Jesús. Amén.

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