En el día del conflicto...
El salmo 20 es un salmo que debemos recordar en el día del conflicto. En el vemos pautas que nos pueden ayudar a enfrentar esas horas o días cuando somos visitados por alguna prueba. El salmo nos habla de cuando Israel se preparaba para la guerra. De hecho era un canto nacional que alentaba a su rey para ir a la batalla.
Este salmo plantea una visión profética, porque si bien es cierto que hay batallas peleadas por el rey David, el salmo nos revela a uno mayor que él, eso es, Jesús, el Hijo de David, que enfrentó su propia batalla en el Getsemaní. Así que en medio de todo esto, aquí tenemos una oración ofrecida de manera a Jesús que enfrentaría más adelante la cruz, donde pelearía la gran batalla en contra del pecado, la muerte y el poder de Satanás. En el estudio de este salmo nos encontramos con el corazón de un guerrero afligido, trayéndonos enseñanzas para cuando llegue “el día del conflicto”. ¿Sabe usted cuándo es ese día? ¿Ha sido visitado por ese día? Pues debemos estar preparados porque entre las cosas que el Señor nos dijo fue que “en el mundo tendréis aflicción”.
El creyente está consciente que en cualquier momento puede ser sacudido por alguna fuerte tempestad, por una fuerte prueba o una gran tribulación. Todo esto nos habla de una guerra a la que estamos sometidos. Los conflictos tienen muchas características y en toda batalla hay muchos enemigos. De allí que lo más importante será saber quién está conmigo en el conflicto, cuál es la ayuda oportuna que recibo y dónde están las promesas con las que cuento en el conflicto.
El salmista nos habla que hay un día del conflicto. Que somos visitados por una guerra espiritual que tiene el propósito de probar nuestra fe. Pero hay cuatro cosas que debes saber cuando llegue ese día. Por un lado, debemos reconocer que no estamos solos. Escucha estas alentadoras palabras: “Jehová te oiga en el día del conflicto…”.
Si Él me oye, no importa quien no me atiende. Además, en el día del conflicto debes saber que cuentas con una oportuna ayuda que viene del santuario. Esto significa que no te quedarás desamparado en el conflicto. También debes saber que tus enemigos serán derrotados. Es alentador confirmar que al final nuestros enemigos “flaquean y caen”, pero el hijo de Dios permanece firme. Y, sobre todo, debes saber que mientras más fuerte arrecie tu batalla, el Señor te ha prometido salvación porque te dice: “Ahora conozco que Jehová salva a su ungido…”. Y la prueba final que el Señor te sacará de tu conflicto es que él te dará conforme al deseo de su corazón y te concederá todas tus peticiones.
(Ps. Julio Ruíz).

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