El impacto de la Resurrección...
Sin importar desde cuándo sea cristiano, usted debe estar familiarizado con la historia de la Resurrección de Jesucristo.
El visitar la tumba de un ser querido es reconfortante, lo cual también es cierto cuando se trata de nuestra salvación. Pero ¿podemos afirmar que haya transformado nuestro manera de vivir? ¿Qué impacto tiene la Resurrección de Cristo en nuestra manera de pensar, hablar y actuar?
La Resurrección es una verdad que no solo cambia nuestro destino eterno, sino que también debe influir la manera en la que nos relacionamos con Dios y le adoramos, y la forma en la que nos relacionamos con las demás personas.
Lo que creemos acerca de la Resurrección
El primer paso para evaluar el impacto de la Resurrección de Cristo es reflexionar en algunas verdades bíblicas que afirmamos creer.
- Jesucristo está vivo a la diestra del Padre. “Pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios” (He 10.12). Estamos convencidos de que la muerte expiatoria de Cristo fue suficiente para pagar por nuestros pecados, y su Resurrección y ascensión son prueba de eso.
- Somos perdonados y en Él tenemos seguridad eterna. “En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria” (Ef 1.13, 14). Gracias a que Jesucristo murió por nuestros pecados y se levantó de la tumba, todos los que hemos confiado en Él podemos contar con la seguridad de la vida eterna, no basados en nuestras obras, sino en el pago que el Señor ofreció por nuestros pecados.
- Viviremos para siempre. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna” (Jn 3.16). La promesa de Cristo de vida eterna es una verdad que nos exhorta a vivir en santidad en este mundo y nos da una esperanza eterna.
- Experimentaremos una Resurrección corporal. “Se siembra en corrupción, resucitará en incorrupción” (1 Co 15.42). La Resurrección de Jesucristo es una garantía de que lo mismo sucederá en nuestro caso. El pecado y las debilidades de nuestro cuerpo físico quedarán en el pasado una vez que Cristo regrese para resucitarnos.
- El cielo es nuestro hogar. El Señor prometió: “Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis” (Jn 14.3). Por la gracia que Dios nos ha provisto por medio de su Hijo, un día seremos perfeccionados y entraremos al lugar celestial que ha preparado para nosotros, y nunca más seremos separados de nuestro Salvador. Jesucristo vino a este mundo para que pudiéramos tener vida abundante, lo cual experimentaremos durante toda la eternidad (Jn 10.10).
- Veremos a nuestros seres queridos. Si bien estamos ausentes del Señor, 2 Corintios 5.8 (TLA) nos dice que, “no nos sentimos tristes, aunque preferiríamos dejar este cuerpo para ir a vivir con el Señor”. Nuestros seres queridos que fueron salvos, se encuentran ahora en la presencia de Dios. Y, una vez que lleguemos al cielo, nos reuniremos con el Señor y con aquellos que amamos y que partieron antes que nosotros.
Contamos con todas estas promesas bíblicas como resultado de lo que Jesucristo hizo por nosotros. Sin embargo, no se nos han dado solo para que reconozcamos que son ciertas, también deben influenciar nuestra manera de vivir cada día.
- La transformación de Cristo en nosotros.
- Somos llamados a ser santos. “Sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir” (1 P 1.15). No se trata de que seamos perfectos, pues eso solo sucederá cuando lleguemos al cielo. Una vida santa es aquella que se ha comprometido a obedecer a Jesucristo en cada aspecto, de acuerdo con las enseñanzas de su Palabra. Aunque muchos se burlan de la santidad, ser más santos debe ser el deseo de nuestro corazón y la meta de nuestra vida.
- Nuestro mensaje como creyentes. Después de haber confiado en Jesucristo como nuestro Salvador y haber depositado nuestro futuro eterno en sus manos, ¿compartimos nuestro testimonio con otros para que también puedan ser salvos?
- Hemos recibido la responsabilidad de dar el ejemplo ante las personas que nos rodean. Su manera de hablar y su conducta deben mostrar que es diferente, pues la vida de Cristo se expresa por medio de la suya. Debe cuidarse para no permitir que sus preocupaciones lo consuman. Esfuércese para compartir con otros la paz y la seguridad que ha encontrado en su Señor y Salvador. La verdad que proclame puede cambiar el destino eterno de otros.
- Tenemos la maravillosa oportunidad de servir al Señor en el poder del Espíritu Santo. Desde el día en que fuimos salvos, el Espíritu Santo vino a morar en nosotros para darnos el poder que necesitamos para servir a Dios. No confiamos en nuestras propias fuerzas, sino en el poder del Espíritu Santo. Fue Él quien nos guió a la salvación al mostrarnos que somos pecadores, quien nos reveló su verdad, nos dio fe y vino a morar en nuestro corazón para obrar en nuestra vida hasta que lleguemos a la gloria. Es su Espíritu Santo quien nos capacita para alcanzar lo que Dios nos ha encomendado; y eso incluye darnos el valor para proclamar las buenas nuevas de la muerte y Resurrección de Cristo.
- Vivimos con la certeza de que nunca estamos solos. Al depositar nuestra confianza en Cristo como nuestro Salvador, ganamos un Amigo que nunca nos abandonará. Jesucristo mora en nuestra vida por medio del Espíritu Santo. Así que, no tenemos por qué sentirnos solos, pues está con nosotros en todo momento.
La Resurrección de Cristo es un mensaje que el mundo necesita escuchar. Se nos ha dado el privilegio de orar por otros y de contarles acerca de la esperanza de la vida eterna que podemos recibir por medio del Señor. Hemos sido cubiertos por las bendiciones que acompañan su salvación y tenemos la responsabilidad de compartir el evangelio con los demás.
REFLEXIÓN
- ¿Qué tan seguido piensa acerca de la Resurrección de Cristo? ¿Qué consuelo le ofrece en medio de sus problemas cotidianos?
- ¿De qué manera la Resurrección de Jesucristo ha influenciado su vida? El bautismo simboliza la manera en que nos identificamos con el Señor en su muerte y Resurrección (Ro 6.1-6). ¿Es evidente la muerte al pecado en su carácter, conversaciones y conducta? ¿Podrían aquellos que le conocen decir que ha cambiado o que sigue viviendo como antes de ser salvo?
(Dr. Charles Stanley).
Si aún no has aceptado a Jesús como tu Señor y Salvador personal, medita esta Oración de Fe: "Señor Jesús, te necesito. Gracias por morir en la cruz para pagar por mis pecados. Te pido perdón por mis pecados y te recibo como mi Señor y Salvador. Gracias por darme el regalo de vida eterna. Deseo cambiar y vivir una nueva vida contigo como mi Señor y Salvador. Escribe mi nombre en el libro de la vida y prometo serte fiel y justo. Gracias Jesús. Amén."
Si hiciste esta oración con fe !Felicidades! has recibido a Jesucristo como tu único salvador, recuerda que si lo pediste de corazón Dios hará cambios en tu vida. Dios obra en nuestras vidas !Gloria a Él!
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