Lenguaje del Creyente...



Lectura Bíblica: “El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca.” (Lucas 6:45).


Por naturaleza, es común que los seres humanos queramos comunicarnos y expresar nuestras emociones e ideas. Pero, aunque esto es algo innato en nosotros, debemos recordar que, así estemos en este mundo y nuestras palabras sean humanas, no es correcto que militemos según la carne. (2 Corintios 10:3)

El Lenguaje del creyente:

¿Cuál es una de las características en las que se suelen fijar las personas al ver a un creyente? Su forma de hablar. Esto no es algo nuevo, que hasta ahora vivimos los hermanos en la fe del siglo XXI.

Es una situación que es bastante común desde tiempos inmemorables. Una prueba de esto es lo que sucede en el capítulo 4 de Hechos. Para resumir lo que sucede, las personas se asombran al ver cómo Pedro y Juan hablaban de Jesús de Nazaret con tal propiedad

Lo que les impresiona es que estos apóstoles eran personas sin estudios y tampoco solían convivir con los sabios de la ciudad, pero su discurso sobre Dios era tan impactante para la gente porque el Espíritu Santo había descendido sobre sus vidas. ¡Su lenguaje había sido transformado por la presencia de Dios!

El Lenguaje del creyente – El poder de las palabras

Pero esto no solo significa usar palabras sofisticadas ni tener una excelente retórica. Esto también lo tienen cientos de personas que no necesariamente imparten la palabra del Señor.

Podemos traer este pasaje bíblico (Hechos 4) a nuestra vida cotidiana: encendemos el televisor y en las noticias suelen haber temas que infunden pesimismo, decepción, tristeza o angustia.

Después vamos hacia el trabajo y escuchamos cómo los compañeros de oficina se quejan. Luego, al salir a la calle, vemos un accidente entre dos autos y los involucrados entran en una pelea nada sutil en las que se implican términos bastante agresivos…

Todos esos ejemplos nos muestran cómo el lenguaje es algo tan importante en la vida del ser humano porque una sola palabra puede edificar o destruir. Le puede alegrar el día a alguien o traerle angustia a su vida.

Es por eso que debemos tomar como ejemplo la forma de hablar de Jesucristo. Él tenía palabras de perdón que reconfortaban, era evidente el amor y la compasión en sus sermones.

Jesús también reprendía cuando lo consideraba oportuno, pero un insulto o una mala palabra nunca salieron de sus labios. Sabía perfectamente que esto podría contristar al Espíritu Santo y a su Padre celestial (Efesios 4: 30). Este es el ejemplo que debemos tomar como referente de nuestra manera de expresarnos.

El Lenguaje del creyente – Nuestro testimonio

Retomando la historia de Hechos, si analizamos bien este pasaje de la Biblia, notaremos que el versículo 8 se menciona que el Espíritu Santo descendió sobre Pedro antes de que hablara en defensa suya frente el concilio de Jerusalén.

Podemos deducir que si el apóstol hubiera hablado con sus propias palabras, la historia habría sido diferente. Esto es algo muy poderoso, porque Pedro demostró que Dios es omnipotente, tanto que había cambiado su lenguaje, el de un hombre iletrado, en un instante.

Ese había sido su testimonio implícito, porque aunque no hablaba de lo que Dios había hecho en su vida, había impactado a muchas personas ese día. Ni siquiera tuvo necesidad de contar su experiencia al lado de Jesús durante su paso por Jerusalén, no debía hablar de los milagros en lo que estuvo como testigo.

Nada de eso. Dios quiere que hoy entendamos que dar testimonio no es solo contando sus bondades en nuestra vida, no siempre será de esa manera.

Un cristiano nacido de nuevo da testimonio con sus hechos, y algo que realmente se nota es la forma de hablar de los creyentes, qué frutos estamos dando y la forma en que nos estamos dando a conocer, porque recordemos que siempre seremos cartas leídas ante los hombres (2 Corintios 3:2) y por lo tanto tenemos la responsabilidad de dar buena referencia del Reino de los Cielos a través de nuestro hablar y nuestro actuar.

¿Qué podemos concluir?

Mantengamos en nuestro corazón el siguiente versículo, que nos ayudará a recordar siempre que todo lo que hablemos, lo que salga de nuestros labios será reflejo de lo que haya en nuestro interior.

Porque allí, en lo más profundo de nuestro ser y en nuestro corazón, habita el Espíritu Santo de Dios:

“Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes.” (Efesios 4:29).

(José R. Hernández).


Si aún no recibiste a Jesús como tu Señor y Salvador personal lee y medita esta Oración de fe: "Señor Jesús, te necesito. Gracias por morir en la cruz para pagar por mis pecados. Te pido perdón por mis pecados y te recibo como mi Señor y Salvador. Gracias por darme el regalo de vida eterna. Deseo cambiar y vivir una nueva vida contigo como mi Señor y Salvador. Escribe mi nombre en el libro de la vida y prometo serte fiel y justo . Gracias Jesús. Amén."
Si hiciste esta oración con fe. Felicidades! has recibido a Jesucristo como tu único salvador, recuerda que si lo pediste de corazón Dios hará cambios en tu vida. Dios obra en nuestras vidas Gloria a Él.

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