Lo ordinario en tu mano...


Dios llama a Moisés, y Moisés dice que no le iban a creer, y pide pruebas para que le creyeran. Y Dios le dice: Suelta la vara. Y él la suelta y se convierte en serpiente. Entonces Dios le dice: Recógela. Y cuando lo hace, se convierte en vara. Ahora, Moisés llega al pueblo de Israel a decirles: Dios me mandó. Él pidió señal para que el pueblo creyera, pero el pueblo lo que veía era una vara. Lo que le dio la confianza a Moisés no es lo que el pueblo veía, sino lo que él había visto. Porque lo que le dio la certeza a Moisés no es lo que vio en la vara, sino que Dios se le había aparecido. La gente le creyó, no por la vara, sino que creyeron porque él fue con la confianza de que Dios le había aparecido.

Lo que hace falta para que tu pasado cambie, es una experiencia con Dios, un encuentro con Él. Sigue caminando con la misma vara, con el mismo trabajo, pero con la certeza de que Dios se te apareció en el camino. La gente te va a ver con la misma vara, te van a menospreciar, pero hay una diferencia entre andar con una vara que tú no has visto su potencial, y andar con una vara que tú ya lo has visto porque, por unos segundos, tú viste algo que jamás pensaste. Ya no es una vara de tristeza en la que te apoyas con tus dolores y depresiones, sino una vara con la que caminas con autoridad, sabiendo que Dios va a hacer algo grande con ella.

Dios quiere cambiar tu tristeza, tu dolor. Esos errores que te han llevado a perder el cetro de tu vida, Dios los quiere tornar en algo maravilloso. Tu pasado, en las manos de Dios, se va a convertir en un gran testimonio. Tu amargura, en las manos de Dios, se va a convertir en tu restauración. Tu tristeza, en las manos de Dios, se va a convertir en tu mayor alegría. Y la herramienta, el talento, el don que tienes hoy, se va a convertir en todo lo que tú necesitas para que Dios te dé la victoria que tú estás esperando.

Tienes que ponerlo en las manos de Dios.

Lo único que cambió aquel día fue la confianza de Moisés. Ahora, aquella vara que era de tristeza, era una vara de autoridad. Nadie había visto nada todavía, pero Moisés sabía lo que podía hacer. Cuando hay un hombre que sabe lo que Dios puede hacer con lo que tiene, ahora la cosa cambia, todo se transforma.

Dios le dice a Moisés en aquel instante: Suéltala. Esto, para dejarle saber que su pasado y aquello en lo que se había apoyado, Dios lo usaría para traer la mayor libertad a su vida. Cuando tú miras la Palabra del Señor, te das cuenta que Dios siempre ha usado cosas ordinarias, para hacer cosas extraordinarias. Una vara no tiene nada maravilloso, es un palo muerto, pero el Dios que le dio esa vara a Moisés es el mismo que, en un momento dado, utilizó una quijada de un asno.

Sansón tenía que pelear con los filisteos, y lo único que encontró a su lado fue una cabeza de un asno, y con eso mató mil soldados. Algo muerto, le dio libertad. Las cosas ordinarias, Dios las puede usar para cosas extraordinarias. Para matar a Goliat, a David le ofrecieron las vestiduras del rey, pero David dijo: Yo voy a usar lo ordinario. No es lo mismo algo maravilloso, sin el poder de Dios, que algo ordinario como una piedra, pero ungida. Dile a todo el mundo: No te preocupes, yo voy a ir con lo que tengo, con lo que sé hacer, y voy a derrotar a Goliat.

Lo más grande de la vara, es que era vara más tiempo que serpiente o milagros. En otras palabras: Era más tiempo ordinaria, que extraordinaria. Hay gente que todo lo que están pendientes es a lo sobrenatural de Dios, y no saben ser ordinarios. Tú no necesitas ser sobrenatural todo el tiempo, sino solo cuando lo necesitas. Acostúmbrate a ser una vara ordinaria, sabiendo que en lo ordinario, en el momento que lo necesites, Dios hará algo. Cuando tratas de proyectar algo que no eres, haces el ridículo.

En la mente de la gente es imposible hacer algo extraordinario con algo ordinario, sin darse cuenta que pasamos más tiempo siendo ordinarios que extraordinarios. Tú eres ordinario cuando sueltas en manos de Dios el don que Él te dio, y de algo ordinario, Dios hace algo extraordinario. Pero el resto del tiempo, tienes que estar acostumbrado a ser ordinario.

Cuando no entiendes esto, tratas de ser cosas que no puedes ser, y comienzas a menospreciar lo ordinario que tienes en tu mano. A lo mejor tú has llegado a un lugar ordinario por tus errores, pero aún lo ordinario, en el momento que tú lo necesites, se va a convertir en algo extraordinario. Moisés no sabía que aquella vara Dios la iba a usar para derrotar diez magos frente a Faraón. Él soltó la vara y se convirtió en serpiente, y los magos hicieron lo mismo, pero la serpiente de Moisés se comió las de aquellos magos. Moisés no sabía que aquella vara, cuando él tocara el agua, se convertiría en sangre, que haría que ranas salieran, que producía granizo, que abría el mar para que él pasara y luego lo cerraba para que se hundieran los enemigos.

La vara que Dios va a usar para que llegues al otro lado, es la misma vara que va a usar para hundir a tus enemigos. Moisés no se había dado cuenta del potencial de lo que tenía en la mano, porque lo que hacía era recordar su pasado, su ayer, y había menospreciado lo que Dios podía hacer con aquello que tenía en su mano. Es lamentable que llegues a ese punto en tu mente que tu pasado se vuelva más grande que tu futuro, haciéndote menospreciar aquello que tienes en tu mano hoy.

(Ps. Otoniel Font).

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