Toma control de tu barco...
“9 Y habiendo pasado mucho tiempo, y siendo ya peligrosa la navegación, por haber pasado ya el ayuno, Pablo les amonestaba, 10 diciéndoles: Varones, veo que la navegación va a ser con perjuicio y mucha pérdida, no sólo del cargamento y de la nave, sino también de nuestras personas. 11 Pero el centurión daba más crédito al piloto y al patrón de la nave, que a lo que Pablo decía. 12 Y siendo incómodo el puerto para invernar, la mayoría acordó zarpar también de allí, por si pudiesen arribar a Fenice, puerto de Creta que mira al nordeste y sudeste, e invernar allí. 13 Y soplando una brisa del sur, pareciéndoles que ya tenían lo que deseaban, levaron anclas e iban costeando Creta. 14 Pero no mucho después dio contra la nave un viento huracanado llamado Euroclidón. 15 Y siendo arrebatada la nave, y no pudiendo poner proa al viento, nos abandonamos a él y nos dejamos llevar. 16 Y habiendo corrido a sotavento de una pequeña isla llamada Clauda, con dificultad pudimos recoger el esquife. 17 Y una vez subido a bordo, usaron de refuerzos para ceñir la nave; y teniendo temor de dar en la Sirte, arriaron las velas y quedaron a la deriva. 18 Pero siendo combatidos por una furiosa tempestad, al siguiente día empezaron a alijar, 19 y al tercer día con nuestras propias manos arrojamos los aparejos de la nave. 20 Y no apareciendo ni sol ni estrellas por muchos días, y acosados por una tempestad no pequeña, ya habíamos perdido toda esperanza de salvarnos.” Hechos 27:9-20
Se cometen cuatro errores en esta ocasión para montarse en este barco; errores que nosotros también cometemos; y lo peor es cuando cometemos uno detrás del otro. Tomar el consejo incorrecto. Pablo dice que no zarpen, pero el centurión daba más crédito al piloto y al capitán. Tú también has dado crédito a lo incorrecto. Tus hijos dan más crédito al mundo que a ti. Sin darnos cuenta, tomamos el consejo de la gente incorrecta, menospreciando la experiencia de vida.
Moverse por la mayoría. Hicieron una votación y se movieron por la mayoría, pero la mayoría no siempre tiene la razón. En la Biblia, no hay una ocasión en que la mayoría estuviera bien. La mayoría quería apedrear a la mujer encontrada en adulterio; solo Cristo se paró con ella. La mayoría no quiso entrar a la tierra prometida; por eso, dos millones de personas murieron en el desierto. Supieron que tendrían que pelear con gigantes, y no lo quisieron. La mayoría pidió que crucificaran a Cristo. La mayoría no siempre está en lo correcto. Por eso tú no puedes dejarte llevar por las opiniones del mundo. Tienes que pararte firme y decidir por lo que dice la Palabra.
Dejarse ir a la deriva. Quisieron ver hasta dónde aquello les llevaba. Los espirituales lo dicen de esta manera: Que sea la voluntad de Dios; lo que Dios quiera. Estas son las peores frases que tiene un cristiano cuando lo que quiere decir es que no quiere asumir ninguna responsabilidad. Piden oración, pero ellos no están orando. Una de las peores cosas que tú puedes hacer en medio de las dificultades, es dejarte llevar a ver a dónde te lleva el mundo. Si te dejas llevar, te hundes. Tiene que llegar un momento en que tú digas: Tomo autoridad sobre este barco; esta casa no se va a la deriva; no voy a dejar que mis hijos hagan lo que les dé la gana. Si dejas las cosas a la deriva, vas a terminar en el lugar donde nunca quisiste estar. Ellos se desanimaron y lo dejaron. Cuando tú te dejas ir a la deriva y despiertas un día y te das cuenta lo mal que estás, caes en el cuarto error.
Desesperarse. Tomaron decisiones en desesperación y añadieron a su confusión. Tú sabes que, un día, por quitarte la responsabilidad, dejaste que las cosas pasaran; pero comoquiera, a lo último, tuviste que tomar la decisión. Hay cosas que las dejas pasar, pero la decisión va a recaer sobre ti comoquiera. Después solo te queda resolver aquí y allá a ver qué te sale. Vas entonces al culto y oras para que Dios te ayude, cuando eso es lo primero que debiste hacer.
No debiste tomar el consejo incorrecto. No debiste dejarte llevar por lo que la gente dice. Debiste decir: Este barco no se va a la deriva, tome lo que tome, cueste lo que cueste.
(Ps. Otoniel Font).

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