Jesús ha venido: el Rey que cumple las promesas de Dios
(Una reflexión sobre Mateo 1–4):
El Evangelio de Mateo comienza con una genealogía. A primera vista, puede parecernos una lista de nombres difícil de leer. Sin embargo, detrás de esos nombres hay una historia: Dios ha sido fiel a sus promesas y, en el momento señalado, envió al Mesías.
Mateo 1–4 nos presenta a Jesús como aquel en quien convergen las promesas de Dios, pero también nos muestra algo más: Jesús no solamente vino para ser admirado; vino para ser seguido.
- Dios cumple sus promesas
Mateo comienza presentando a Jesús como descendiente de Abraham y de David.
No es una casualidad.
Dios había prometido bendición a través de Abraham y había prometido a David un reino. Ahora Mateo muestra que Jesús es el cumplimiento de esa historia.
Su nacimiento también ocurre de una manera extraordinaria. José recibe el mensaje de que el niño que María espera es obra del Espíritu Santo: “Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.” Mateo 1:21
Jesús no vino simplemente para mejorar nuestra vida. Vino a salvarnos de nuestros pecados.
Para reflexionar:
¿Estoy buscando a Jesús solamente por lo que puede hacer por mí, o lo reconozco como mi Salvador y Señor?
- Dios con nosotros
Mateo también recuerda la profecía: “He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros.” Mateo 1:23
Esta verdad es profundamente consoladora.
Dios no permaneció distante de nuestra condición humana.
En Jesús, Dios vino a nosotros.
Emanuel significa que Dios se acercó, entró en nuestra historia y habitó entre nosotros.
Cuando atravesamos momentos de soledad, dolor o incertidumbre, podemos recordar que el Dios que se acercó a nosotros en Cristo sigue siendo un Dios cercano.
- Jesús también fue tentado
En Mateo 4 encontramos a Jesús en el desierto, enfrentando la tentación de Satanás.
Tres veces el enemigo intenta apartarlo de la voluntad del Padre. Y tres veces Jesús responde con la Palabra de Dios.
Jesús no utilizó su poder para satisfacer un deseo personal ni aceptó tomar un camino fácil para alcanzar su propósito.
Su respuesta fue: “Escrito está...”
Hay aquí una enseñanza importante para nosotros.
La Palabra de Dios debe ocupar un lugar central cuando enfrentamos nuestras propias tentaciones.
Jesús nos muestra que obedecer a Dios vale más que obtener inmediatamente aquello que deseamos.
Para reflexionar:
¿Qué lugar ocupa la Palabra de Dios cuando enfrento decisiones, presiones o tentaciones?
- “Venid en pos de mí”
Después de la tentación, Jesús comienza su ministerio y llama a sus primeros discípulos: “Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres.” Mateo 4:19
Ellos dejaron sus redes y lo siguieron.
El llamado de Jesús continúa siendo personal.
Seguir a Cristo significa mucho más que creer algunas verdades acerca de Él.
Significa caminar detrás de Él, aprender de Él y permitir que transforme nuestra manera de vivir.
Los discípulos dejaron algo conocido para entrar en una nueva historia con Jesús.
Nosotros también somos llamados a preguntarnos qué debemos dejar atrás para seguirle con mayor fidelidad.
- Una buena noticia que debe ser anunciada
Mateo 4 termina mostrando a Jesús recorriendo Galilea, enseñando, predicando el evangelio del reino y sanando.
Su presencia traía esperanza.
Y el mensaje sigue siendo actual: El Rey ha venido. El Salvador está aquí. El Reino de Dios se ha acercado.
Mateo 1–4 nos invita, entonces, no solamente a conocer la historia de Jesús, sino a responder a ella.
Para meditar:
Jesús es:
- El Salvador que perdona nuestros pecados.
- Emanuel, Dios con nosotros.
- El Hijo que permanece obediente al Padre.
- El Rey que anuncia el Reino de Dios.
El Señor que todavía llama: “Venid en pos de mí”.
La pregunta no es solamente “¿Quién es Jesús?” También es: “¿Estoy dispuesto a seguirlo?”
Oración:
Señor Jesús, gracias porque viniste a salvarnos de nuestros pecados y porque en ti tenemos la certeza de que Dios está con nosotros. Ayúdame a conocerte más profundamente, a permanecer firme en tu Palabra cuando enfrente tentaciones y a responder con obediencia a tu llamado. Que mi vida no solamente hable de ti, sino que muestre que verdaderamente te sigo. Amén.

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