Cuando queremos seguir a Jesús y también ser importantes...
(Reflexión sobre Mateo 19-20).
En Mateo 20, la madre de Jacobo y Juan se acerca a Jesús para pedir que sus hijos ocupen los lugares de honor en su Reino. Pero el relato paralelo de Marcos muestra que Jacobo y Juan también estaban detrás de aquella petición.
Ellos querían estar cerca de Jesús, pero todavía tenían una idea equivocada de lo que significaba estar cerca del Rey. Pensaban en posición, honor y reconocimiento, mientras Jesús estaba pensando en servicio, entrega y sacrificio.
Por eso Jesús les pregunta: “¿Podéis beber del vaso que yo he de beber?” Mateo 20:22
Ellos respondieron que sí, pero todavía no comprendían completamente lo que implicaba seguir a Jesús.
Lo interesante es que los demás discípulos también se indignaron al escuchar aquella petición. Esto nos muestra que la lucha por ser importantes no estaba solamente en Jacobo y Juan. Había una necesidad en todos ellos de aprender qué significa verdaderamente la grandeza en el Reino.
Jesús entonces les enseña: “El que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor.” Mateo 20:26
Jesús no condena el deseo de crecer espiritualmente; transforma nuestra idea de grandeza.
En su Reino, ser grande no significa estar por encima de otros, sino estar dispuesto a ponerse al servicio de otros.
Una aplicación para nuestro corazón:
- Podemos amar a Jesús y todavía luchar con el deseo de ser reconocidos.
- Podemos servir y esperar que nos agradezcan.
- Podemos trabajar para Dios y sentirnos heridos cuando otro recibe el reconocimiento.
- Podemos incluso querer un lugar importante dentro de la obra de Dios.
Por eso esta enseñanza nos invita a preguntarnos: ¿Quiero servir a Jesús o quiero que Jesús me haga importante?
El Señor no busca solamente nuestras manos para trabajar; quiere formar en nosotros el corazón de un siervo.
Jesús mismo es nuestro modelo: “Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir.” Mateo 20:28¡
Seguir a Jesús significa aprender a dejar de preguntar “¿qué lugar ocuparé?” y comenzar a preguntar: “Señor, ¿a quién puedo servir hoy?”
Oración final:
Señor Jesús, examina mi corazón y ayúdame a reconocer cuando busco más el reconocimiento que el servicio. Quita de mí la necesidad de ocupar los primeros lugares y enséñame a servir con humildad y amor. Que no me preocupe tanto por ser visto, sino por agradarte a ti. Dame un corazón dispuesto a servir aun cuando nadie lo reconozca, recordando que tú ves cada acto de amor y fidelidad. Hazme más parecido a ti, que no viniste para ser servido, sino para servir y dar tu vida por nosotros. Amén.

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