El Reino de Dios: vivir con fe, humildad y un corazón dispuesto...
(Reflexiones Pastorale sobre Lucas 17–18).
En Lucas 17–18, Jesús nos enseña acerca de la llegada del Reino de Dios, la importancia de perseverar en la fe y la necesidad de acercarnos al Padre con humildad y confianza. Sus palabras nos invitan a examinar nuestras actitudes y a vivir preparados para su venida.
- La llegada del Reino de Dios
En Lucas 17:20–21, Jesús explica a los fariseos que el Reino de Dios no vendrá de una manera que pueda observarse según las expectativas humanas. Declara que el Reino está «entre vosotros», señalando que su presencia y su obra ya se manifestaban en medio de ellos.
El Reino de Dios se hace presente en la persona y el ministerio de Jesús: en sus enseñanzas, sus milagros y su autoridad. Aunque esperamos la manifestación plena de su Reino, estamos llamados a vivir desde ahora bajo el señorío de Cristo, reflejando sus valores de justicia, misericordia, verdad y amor.
Jesús también habla de su venida futura y llama a sus discípulos a permanecer vigilantes. Esta enseñanza me recuerda que no debo vivir distraída por las preocupaciones del mundo, sino procurar que mis decisiones y prioridades honren al Señor cada día.
- Jesús y los niños: un corazón que recibe el Reino
En Lucas 18:15–17, algunas personas llevan niños a Jesús para que los toque, pero los discípulos intentan impedirlo. Jesús los llama y declara: «Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios» (Lucas 18:16, RVR1960).
En una sociedad donde los niños tenían poca posición social, Jesús les concede atención y dignidad. Su respuesta revela su amor y nos enseña que nadie debe ser considerado insignificante para acercarse a Él.
Jesús añade que quien no recibe el Reino de Dios como un niño no entrará en él. No nos invita a ser infantiles, sino a acercarnos con humildad, confianza y disposición para depender de Dios. El Reino no se conquista por méritos personales ni por prestigio; se recibe reconociendo nuestra necesidad de la gracia del Señor.
Este pasaje también nos desafía a cuidar de los niños, enseñarles la Palabra y facilitar que conozcan a Jesús mediante nuestro ejemplo y nuestro amor.
¿Qué enseñanzas dejan estos capítulos en mi vida?
Lucas 17–18 me recuerda que debo vivir con la esperanza puesta en el Reino de Dios, sin perder de vista mis responsabilidades presentes. También necesito cultivar una fe perseverante, como la viuda que insiste en buscar justicia, y una actitud humilde, como la del publicano que reconoce su pecado y clama por misericordia.
El ejemplo de los niños me invita a acercarme al Señor sin orgullo ni autosuficiencia, confiando en su gracia. En esta etapa de mi vida, deseo conservar un corazón enseñable, depender de Dios en mis limitaciones y continuar compartiendo su Palabra con quienes necesitan conocerlo.
Mi anhelo es vivir hoy bajo el señorío de Cristo, con la humildad de quien necesita su gracia y la esperanza de quien espera la plenitud de su Reino.
Para guardar en el corazón:
«Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios». (Lucas 18:16, RVR1960).
Oración:
Padre celestial, gracias porque tu Reino se ha acercado a nosotros por medio de Jesucristo. Enséñame a vivir bajo su señorío, a perseverar en la oración y a acercarme a ti con humildad y confianza. Dame un corazón dispuesto a aprender, amar y servir. Ayúdame a cuidar de los más vulnerables y a compartir tu Palabra para que otros también conozcan a Jesús. Que mi vida refleje los valores de tu Reino mientras espero con esperanza el cumplimiento de tus promesas. En el nombre de Jesús. Amén.

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