El Rey que entra y pone todo en su lugar...


(Reflexiones sobre Mateo 21–22 con énfasis en Mateo 21:1-17).
Mateo 21 marca un momento decisivo en el ministerio de Jesús. Se acerca a Jerusalén y entra en la ciudad como el Rey anunciado por las Escrituras. La multitud lo recibe con entusiasmo, pero Jesús no viene simplemente para ser admirado. Viene a confrontar, limpiar y poner nuevamente a Dios en el centro.
  • El Rey viene con humildad
Jesús entra en Jerusalén montado sobre un asno, cumpliendo la profecía: “He aquí, tu Rey vendrá a ti, manso, y sentado sobre una asna.”
Mateo 21:5
La multitud extiende sus mantos y ramas por el camino y clama: “¡Hosanna al Hijo de David!”
Reconocen a Jesús como el Rey esperado. Sin embargo, pocos días después muchos de ellos estarán pidiendo su crucifixión.
Esto nos lleva a examinarnos: ¿Mi relación con Jesús depende de lo que espero recibir de Él, o realmente lo reconozco como mi Rey?
Es posible aclamar a Jesús con nuestros labios y, al mismo tiempo, resistir su gobierno en determinadas áreas de nuestra vida.
Jesús entra en el templo
Después de entrar en Jerusalén, Jesús va al templo. Y allí encuentra algo que no corresponde al propósito de la casa de Dios: vendedores y cambistas habían convertido aquel lugar de adoración en un espacio de comercio.
Jesús actúa con firmeza: “Mi casa, casa de oración será llamada; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones.” Mateo 21:13
Jesús no permanece indiferente ante una adoración que ha perdido su esencia.
El templo debía ser un lugar de oración, pero había sido ocupado por intereses humanos.
Esta escena también puede hablarnos hoy. Podemos preguntarnos: ¿He permitido que algo ocupe en mi corazón el lugar que solamente le pertenece a Dios?
La adoración no consiste únicamente en cantar, congregarnos o participar en actividades cristianas. Adorar es reconocer que Dios merece el primer lugar en nuestra vida.
  • Después de limpiar, Jesús sana
Hay un detalle hermoso en Mateo 21:14. Después de expulsar a los vendedores y cambistas, los ciegos y los cojos se acercaron a Jesús en el templo, y Él los sanó.
El templo había sido convertido en un lugar de intereses personales; Jesús lo devuelve a su propósito: un lugar donde las personas necesitadas pueden encontrarse con Dios.
Qué contraste tan poderoso.
Donde el ser humano había puesto sus intereses, Jesús vuelve a poner la misericordia.
  • ¿Qué encuentra Jesús cuando entra en nuestra vida?
Mateo 21:1-17 nos invita a mirar más allá de la historia y examinarnos personalmente.
Jesús es el Rey que entra. Y cuando el Rey entra, las cosas tienen que ponerse en orden.
  • Él confronta lo que debe ser removido.
  • Él restaura lo que ha sido desviado.
  • Él recibe al que viene con necesidad.
  • Él merece ocupar el centro.
Quizás hoy necesitamos permitir que Jesús examine nuestro corazón.
  • ¿Hay algo que necesita ser expulsado?
  • ¿Hay alguna área donde nuestra adoración se ha vuelto superficial?
  • ¿Está Jesús realmente ocupando el primer lugar?
El Rey que entró en Jerusalén sigue llamándonos a rendirle nuestra vida.

Oración:
Señor Jesús, quiero reconocerte como mi Rey. Entra en mi corazón y muéstrame todo aquello que ha ocupado un lugar que solamente te pertenece a Ti. Limpia lo que necesita ser limpiado, restaura lo que se ha desviado y haz de mi vida un lugar donde Tú seas honrado. Que mi adoración no sea solamente de labios, sino una vida rendida a Ti. Amén.

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