Seguir a Jesús: más que una religión
(Reflexiones pastorales sobre Mateo 14–16).
Mateo 14–16 nos muestra a Jesús en medio de las necesidades de las personas, enseñando, alimentando multitudes, sanando enfermos y revelando progresivamente a sus discípulos quién es Él. Pero también encontramos un contraste importante: mientras Jesús se acerca con compasión a quienes sufren, confronta a quienes han convertido la religión en una práctica externa, olvidando el verdadero propósito de la Ley. Y finalmente, en Mateo 16, Jesús lleva la conversación al corazón de todo discípulo:
¿Estamos realmente dispuestos a seguirlo?
- Jesús ve la necesidad y responde con compasión
En Mateo 14 encontramos a Jesús frente a una multitud que lo seguía.
Después de conocer la muerte de Juan el Bautista, Jesús se aparta a un lugar desierto. Sin embargo, la multitud lo sigue.
Jesús podría haber pedido que se fueran.
Pero Mateo nos dice: “Y saliendo Jesús, vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, y sanó a los que de ellos estaban enfermos.” Mateo 14:14
Esta escena revela mucho del corazón de Jesús.
- Él ve.
- Él tiene compasión.
- Él actúa.
- Las necesidades de las personas no eran una interrupción para Jesús. Formaban parte de su ministerio.
Para reflexionar:
¿Vemos nosotros las necesidades de quienes están cerca con la misma compasión de Jesús? A veces estamos tan concentrados en nuestras propias preocupaciones que dejamos de ver al que necesita una palabra, una oración, compañía o ayuda.
- Jesús y quienes necesitan sanidad
En Mateo 14–15 aparecen numerosas personas que se acercan a Jesús buscando sanidad.
- Los enfermos son llevados hasta Él.
- La mujer cananea clama por su hija.
- Las multitudes permanecen cerca de Jesús y muchos son sanados.
Mateo nos muestra repetidamente que Jesús no permanece indiferente ante el sufrimiento humano.
Su poder está acompañado de compasión.
Y hay algo especialmente hermoso en la mujer cananea. Ella no abandona su petición ante la aparente dificultad.
Jesús finalmente reconoce su fe: “Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres.” Mateo 15:28
Su perseverancia nos recuerda que la fe puede seguir clamando aun cuando no comprendemos inmediatamente la respuesta de Dios.
- Cuando la religión se queda en lo externo
En Mateo 15 aparecen escribas y fariseos preocupados por las tradiciones y por el cumplimiento externo.
Jesús no desprecia la Ley de Dios.
Lo que confronta es una religiosidad que había terminado colocando las tradiciones humanas por encima del corazón de Dios.
Por eso declara: “Este pueblo de labios me honra; mas su corazón está lejos de mí.” Mateo 15:8
Esta es una de las advertencias más serias de estos capítulos.
- Podemos tener palabras correctas y un corazón distante.
- Podemos conocer la Biblia y no permitir que ella transforme nuestra vida.
- Podemos participar de actividades religiosas y, sin embargo, estar lejos de Dios.
Reflexión:
Jesús no está buscando solamente personas que conozcan las normas.
Está buscando corazones rendidos a Dios.
La verdadera espiritualidad no consiste simplemente en parecer correctos por fuera.
Comienza en el corazón.
- ¿Quién es Jesús?
En Mateo 16, Jesús lleva a sus discípulos a una pregunta decisiva: “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?” Mateo 16:15
Pedro responde: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.”
Mateo 16:16
Esta es la confesión fundamental.
No basta saber lo que otros dicen acerca de Jesús. Cada persona debe responder personalmente:
¿Quién es Jesús para mí?
Si realmente creemos que Él es el Cristo, entonces nuestra respuesta no puede quedarse solamente en palabras.
La confesión de fe debe conducirnos al seguimiento.
- Las condiciones para seguir a Jesús
Después de revelar su identidad y anunciar a sus discípulos que iría hacia la cruz, Jesús les presenta una enseñanza que continúa siendo profundamente desafiante:
“Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.” Mateo 16:24
Seguir a Jesús tiene un costo.
Negarse a sí mismo significa dejar de colocar el yo en el centro.
Tomar la cruz significa estar dispuesto a obedecer a Cristo aun cuando hacerlo implique sacrificio.
Seguirle significa caminar detrás de Él, no pedirle a Jesús que camine detrás de nuestros propios deseos.
El cristianismo no consiste solamente en recibir las bendiciones de Cristo.
También significa rendirle nuestra vida.
Jesús continúa diciendo: “Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará.” Mateo 16:25
Aquí encontramos una de las grandes paradojas del Reino:
Cuando dejamos de vivir para nosotros mismos y entregamos nuestra vida a Cristo, descubrimos la verdadera vida.
Una pregunta que no podemos evitar:
Mateo 14–16 nos coloca delante de dos caminos.
Por un lado, vemos a Jesús acercándose al necesitado, sanando, alimentando, enseñando y mostrando compasión.
Por otro, vemos una religiosidad preocupada por las apariencias, pero con el corazón distante.
Y finalmente escuchamos el llamado de Jesús: “Sígueme.”
Por eso, la pregunta para nosotros no es solamente si creemos en Jesús. La pregunta es: ¿Estamos dispuestos a seguirlo?
Para meditar:
Podemos preguntarnos:
- ¿Tengo compasión por quienes sufren?
- ¿Mi relación con Dios nace del corazón o se ha convertido solamente en una práctica externa?
- ¿Reconozco verdaderamente a Jesús como el Cristo?
- ¿Estoy dispuesto a negarme a mí mismo cuando seguir a Cristo contradice mis deseos?
- ¿Hay alguna área de mi vida que todavía no he rendido completamente a Él?
Seguir a Jesús no es una religión que practicamos solamente en determinados momentos. Es una vida que le entregamos cada día.
Versículo clave:
“Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.” Mateo 16:24 (RVR1960)
Este versículo resume el desafío de estos capítulos: Jesús tiene compasión del necesitado, confronta una religión centrada en lo externo y llama a sus discípulos a una entrega verdadera.
Oración:
Señor Jesús, gracias porque miras con compasión al que sufre y te acercas al que necesita de ti. Guarda mi corazón de una fe solamente externa y ayúdame a vivir una relación verdadera contigo. Enséñame a negarme a mí mismo, tomar mi cruz y seguirte cada día. Que mis palabras, mis decisiones y mi manera de tratar a los demás reflejen que verdaderamente eres mi Señor. Amén.

Comentarios
Publicar un comentario